Radical, militarizado y monolítico: así es el nuevo parlamento ruso teledirigido por Putin
El Kremlin reprime a aquellos que denuncian una manipulación "sin precedentes" de las recientes elecciones legislativas
MoscúPocos días después de la victoria incontestable del partido de Vladímir Putin en las elecciones legislativas, se empiezan a hacer realidad los augurios de aquellos que vaticinaban una escalada del conflicto en Ucrania, una radicalización de las políticas del Kremlin y un endurecimiento de la represión. La nueva Duma, constituida este miércoles, cuenta con una cifra récord de veteranos de guerra y, en la bancada de Rusia Unida, la más amplia de la historia, se sientan diputados conocidos por impulsar leyes iliberales.
Los analistas independientes creen que la formación del presidente ruso debería haber obtenido un 40% menos de los votos que la Comisión Electoral certificó y denuncian más irregularidades en el escrutinio que nunca. Las autoridades intentan cortar de raíz las acusaciones de manipulación electoral, y por ello han encarcelado y apaleado a uno de los politólogos más reputados del país, Aleksandr Kínev, que estaba preparando un informe sobre el fraude en las urnas.
Putin ha utilizado el presunto gran resultado de su partido y la alta cifra de participación como una legitimación a su invasión. "El pueblo ha dado apoyo a los héroes que luchan por Rusia", dijo el lunes. Además, considera que los bombardeos ucranianos durante las jornadas electorales fueron una provocación que impide retomar las negociaciones de paz. "Deben sentir la respuesta de Rusia", afirma Putin, que después de los comicios ha ordenado intensificar los ataques sistemáticos contra Kiev.
En el nuevo parlamento ruso la guerra ahora estará aún más presente con los 46 excombatientes de Ucrania que han conseguido escaño, casi todos nominados por Rusia Unida. "Estoy seguro de que, preservando la tradición de hermandad de primera línea, fortalecerán y mejorarán el cuerpo de diputados", ha apuntado el líder del Kremlin dirigiéndose a ellos desde el atril del hemiciclo. Al frente de la cámara repetirá por tercera legislatura Viacheslav Volodin, un ferviente seguidor del presidente ruso, autor de la frase "mientras haya Putin, habrá Rusia; si no hay Putin, no habrá Rusia". Su vicepresidenta primera será Irina Yaróvaya, responsable de algunas de las leyes más represivas de los últimos años y que han dado más poder a los servicios secretos. Y también entra en la Duma Natalia Moskvitina, una de las activistas antiaborto más famosas de Rusia, que ya ha advertido que quiere prohibir la incitación a la interrupción voluntaria del embarazo.
El principal partido de la oposición sistémica, los comunistas, han intentado abordar con la boca pequeña una manipulación electoral de la cual se sienten víctimas, y han pedido el fin del voto electrónico. Pero el líder de la extrema derecha, Leonid Slutski, ya ha dejado claro que "en el momento de la santa Operación Militar Especial no toca hablar de las irregularidades en las elecciones" porque son "asperezas y nimiedades".
Las cifras del fraude
El diario Nóvaia Gazeta Evropa ha calculado, a partir de un modelo matemático y de los colegios electorales donde sabe que no ha habido falsificaciones, que Rusia Unida se debería haber impuesto con un 34% de los sufragios, 24 puntos menos de los que recibió oficialmente, y con una participación de cerca del 40%, 19 puntos más baja. El investigador Anatoli Karlin va más allá y añade que el Partido Comunista debería haberse hecho con un 25% de los votos, mientras que los ultranacionalistas del Partido Liberal Demócrata y los liberales de Gente Nueva deberían haber conseguido cada uno un 15%.
Según explica el politólogo Borís Ovchínnikov, los resultados del oficialismo y la participación reales, sin manipular, son muy parecidos a los de las elecciones de 2021. Ahora bien, en esta ocasión las cifras declaradas han sido mucho más altas, lo cual sugiere, desde su punto de vista, que estamos ante una falsificación "sin precedentes".
Estas estimaciones coinciden con las de Kínev, uno de los pocos politólogos independientes que no había huido de Rusia, que calificó las elecciones de "puesta en escena" y que describió la campaña como "la más injusta y sobrerregulada". Pocos días después de hacer estas afirmaciones, fue detenido por agentes de la policía y del FSB –el antiguo KGB– e ingresó en prisión preventiva. Su entorno asegura que durante el arresto le torturaron y le rompieron la pierna por dos puntos. Se le acusa de tráfico de drogas, un cargo por el cual podría pasar entre rejas de diez a veinte años. Su abogado y la familia, sin embargo, niegan toda culpabilidad y denuncian que es víctima de un montaje.
El celo de las autoridades por impedir cualquier expresión de disconformidad con el resultado de las urnas también ha hecho que se prohibieran manifestaciones en Moscú y San Petersburgo alegando las medidas contra la covid.