Rusia vota en unas elecciones sin garantías y con la popularidad de Putin en horas bajas
El partido del Kremlin revalidará la mayoría gracias a la manipulación, en medio de la fatiga por la guerra en Ucrania
MoscúHacía tres años que Vladímir Putin no besaba niños en público, un síntoma de que su popularidad se tambalea. Las malas encuestas de su partido, Rusia Unida, le han obligado a implicarse en la campaña de las elecciones legislativas rusas, que se celebran entre este viernes y domingo. Son las primeras en tiempo de guerra y las primeras en las que participan los habitantes de los territorios ucranianos ocupados, que ya han empezado a votar en urnas custodiadas por soldados armados. Unos comicios manipulados por el Kremlin, con la oposición pacifista vetada, donde se da por descontada la victoria arrolladora del oficialismo y que, en un contexto de malestar social por los problemas económicos, los bloqueos de internet y la fatiga del conflicto, las autoridades esperan que pasen sin pena ni gloria ni sobresaltos.
Según los expertos, por mucho que pueda parecer contradictorio en un estado autoritario, Rusia es un país muy legalista y Putin, un presidente que se esfuerza en fundamentar su poder en la ley. El analista Dan Storyev, autor del libro How to survive authoritarianism, explica al ARA que el líder ruso busca proyectar "una fachada" de respetabilidad para el público mundial y para el público interno. "Esto no son unas elecciones reales, sino una especie de teatro político que se hace para apuntalar el poder del estado, consolidar su legitimidad y rendir homenaje al legado democrático de los años 90", explica.
Esta necesidad de validación frena a las autoridades a la hora de practicar sin miramientos el fraude electoral. "No les gusta manipular las elecciones completamente, no quieren hacerlo al estilo de Corea del Norte", destaca Storyev. Según indica en este diario Mikhail Komin, investigador en el Centro de Análisis de Política Europea (CEPA), el poder "no tiene capacidad para reescribir completamente los resultados finales" y sitúa el límite de la distorsión entre el 20% y el 30%. En 2021, en las últimas legislativas, el matemático Serguéi Shpilkin estableció que la mitad de los votos de Rusia Unida, unos 14 millones, habían sido fraudulentos. Así pues, en lugar de conseguir el 50% de los votos, se tendría que haber quedado con cerca del 30%.
A estas alturas, las encuestas oficiales dan al partido de Putin entre un 47% y un 53% de los sufragios, unas cifras que no se corresponden con el mínimo histórico del 27% de intención de voto que tenía Rusia Unida hace unos meses. Para evitar sorpresas, el presidente se ha dejado ver rodeado de ciudadanos cuidadosamente escogidos en regiones de Siberia y el Extremo Oriente, lejos de la amenaza de los drones ucranianos. Ahora bien, no ha creído oportuno aprovechar la campaña para abordar las cuestiones sociales que inquietan a la población, sino todo lo contrario, se ha dedicado a pedir a los rusos que hagan piña con su guerra, con una retórica próxima a la movilización total y exigiendo la unidad de todos los sectores de la sociedad contra el enemigo.
Un simulacro de campaña
Las dificultades económicas y la voluntad de la administración presidencial de reducir las elecciones a un trámite han convertido esta campaña en la más barata del siglo XXI. Los debates territoriales en la televisión estatal se han emitido en horarios intempestivos, en algunas regiones las candidaturas han preferido directamente no participar y, en otras, varios oradores ni siquiera han agotado el minuto final para pedir el voto. El desinterés de los mismos partidos es parte de las reglas del teatro político ruso en tiempos de guerra: todos los grupos con representación en la Duma apoyan la invasión y han votado favorablemente como mínimo a un 95% de las iniciativas de Rusia Unida.
El Partido Comunista aspira a repetir el segundo puesto de 2021, cuando obtuvo un 19% de los votos, por delante de la extrema derecha populista del Partido Liberal Democrático (8%), los socialdemócratas de Una Rusia Justa (7%) y los liberales de Gente Nueva (5%). Excepto los comunistas, todas estas formaciones han sido impulsadas o promocionadas en connivencia con el entorno de Putin. "Son variantes de los futuros y de las políticas aceptables que el Kremlin ofrece al pueblo ruso. Todo es una mutación permitida de la política de Rusia Unida", señala Storyev.
El analista no cree que ninguna de estas formaciones sea capaz de capitalizar el descontento social porque "todas forman parte del relato favorable a la guerra". Komin añade que la proporción de electores que "real y conscientemente eligen" entre los partidos disponibles "no es muy grande" y la sitúa entre el 12% y el 18%. Así pues, teniendo en cuenta el fraude electoral, las similitudes programáticas y la inexorable victoria del partido de Putin, ¿qué empuja a los rusos a votar? Storyev encuentra una explicación: "Muchos piensan que es una oportunidad única para expresar su opinión al gobierno y conseguir que los escuche".
Pase lo que pase, sin embargo, los expertos descartan que Rusia tome un nuevo rumbo a partir del lunes. Según Komin, se puede esperar un reforzamiento de los belicistas dentro del gobierno y un debilitamiento de los tecnócratas, pero Storyev asegura que "no cambiará nada de manera tangible". "Continuará gobernando un solo hombre, y el poder de este hombre no está amenazado por las elecciones", concluye.