Putin martiriza a los ucranianos y culpa de ello a Zelenski: “Ha abierto la caja de Pandora”

Rusia ataca ininterrumpidamente Kiev, paraliza la ciudad y pone a prueba el agotamiento de los vecinos

Una chica con su mascota después de ser víctima de uno de los bombardeos rusos contra Kiev.
13/09/2026 - 18:33 h.
4 min

Moscú“Han abierto la caja de Pandora”, advirtió recientemente Vladímir Putin, después de un mes de campaña ucraniana contra los almacenes rusos de comercio en línea. Aquella amenaza parecía un nuevo paso en la escalada retórica con la que el Kremlin hace meses que presiona a Volodímir Zelenski y que hasta ahora no se había traducido en la oleada de ataques sistemáticos prometida. En las últimas semanas, sin embargo, este aviso se ha convertido en una realidad. Rusia se ha cebado día y noche contra Kiev y su región, y ha provocado decenas de muertos. Moscú saca pecho de haber convertido la capital de Ucrania en una ciudad en alerta permanente y ha vuelto a recomendar a los diplomáticos extranjeros que huyan de ella. Además, ha dado el pistoletazo de salida a la temporada de bombardeos contra instalaciones energéticas ucranianas con la bajada de las temperaturas.

Desde el 27 de agosto, durante ocho días y ocho noches, Rusia estuvo mortificando a Kiev y a sus alrededores, y solo puso el freno durante la visita de los emisarios de Donald Trump. Si los vecinos de la capital ucraniana estaban acostumbrados a protegerse en los refugios y en el metro sobre todo de noche, de manera periódica pero no diaria, este final de verano la situación ha cambiado. Las sirenas han estado sonando casi sin interrupción, y esto ha abocado a los ciudadanos a poner su rutina en pausa y tener que decidir si quedar atrapados bajo tierra o ignorar la alarma, a pesar del riesgo que supone. Incluso el Parlamento ucraniano ha probado un sistema de votación digital desde su refugio subterráneo.

Los nuevos drones rusos a reacción, más rápidos, difíciles de detectar y enviados en pequeños enjambres cada pocos minutos, han paralizado durante días una metrópoli donde viven millones de personas y les han hecho sentir todavía más el agotamiento de esta fase de la guerra que castiga especialmente a las ciudades. Las señales de ataque aéreo nunca habían estado activas durante tanto tiempo. En una publicación nada habitual, la agencia oficial rusa TASS ha querido aprovechar la ocasión y destacar la magnitud del régimen de alerta antiaérea en Kiev. Según sus cálculos, entre el 29 y el 30 de agosto la capital se encontró bajo alarma más de 19 horas, y entre el 30 y el 31 de agosto las sirenas sonaron 21 veces. El resultado, en poco más de una semana: más de ochenta muertos.Almacenes e instalaciones eléctricas

Uno de los principales objetivos del Kremlin han sido los almacenes civiles ucranianos, sobre todo de supermercados, de plataformas de comercio electrónico o de Nova Poshta, la principal empresa de mensajería del país. Aunque Putin lo presente como una reacción a los ataques ucranianos que desde mediados de julio incendian las naves de las compañías Wildberries y Ozon en Rusia, Moscú hace tiempo que golpea recintos civiles. Ahora bien, de una media mensual de entre cinco y diez impactos contra estas instalaciones, este agosto se ha pasado a casi un centenar.

Una consecuencia directa para los ucranianos es el daño en las cadenas de distribución y los estantes vacíos en los comercios. El jefe del comité de Finanzas de la Rada Suprema, Danilo Hetmantsev, lamentaba hace unos días que la situación era “extremadamente difícil” y que “nunca había visto negocios tan desesperados”. No obstante, el ministro de Política Agraria y Alimentación de Ucrania, Taras Visotski, pedía no caer en el pánico. Si bien admite que casi el 90% de los almacenes de los minoristas de víveres han quedado dañados, asegura que no habrá escasez de alimentos. Es decir, no se trata de una crisis alimentaria, sino de una crisis logística.

Una mujer con una criatura tras ser víctimas de los bombardeos rusos contra Kiev.

A estas dificultades se suma el inicio de una nueva campaña de ataques masivos contra la infraestructura energética ucraniana. Igual que en 2025, la cúpula militar rusa ha esperado la llegada del otoño, que en Rusia comienza el 1 de septiembre, para advertir de la intención de dejar sin calefacción a los vecinos de las grandes ciudades de Ucrania y para lanzar los primeros grandes bombardeos. La semana pasada ya atacó la red eléctrica de Odesa, a orillas del mar Negro, y provocó que 350.000 hogares quedaran sin luz.Zelenski, el responsable

Putin culpa a Zelenski, quien denuncia que ha cruzado una línea roja golpeando sus refinerías. “Partíamos de la base de que se trataba de objetivos estrictamente civiles que no podían ser objeto de ningún tipo de ataque, pero nos equivocamos –apuntó el presidente ruso–. Nos hemos visto obligados a responder de manera simétrica para que no les salga gratis hacernos daño”. Incluso el Ministerio de Defensa compartió en Telegram un mensaje donde se podía leer: “En invierno os congelaréis”. Lo acompañaba una foto de varios drones Shahed sobrevolando un cielo nublado y el lema “Como la nieve sobre la cabeza”. El ejército ucraniano respondió con una publicación de un depósito de petróleo en llamas y el texto “Nos calentaremos con el fuego de las refinerías rusas”.

La desventaja temporal en la carrera de drones y la falta estructural de interceptores de misiles balísticos ponen a Zelenski en una situación muy complicada de cara al invierno. Putin se siente fuerte y utiliza cualquier ataque o movimiento ucraniano –el último, la voluntad de hacer colapsar el espacio aéreo ruso– como justificación para una escalada que cada día que pasa se vuelve más letal. De rebote, el presidente ruso rechaza las conversaciones de paz: atribuye a Kiev la plena responsabilidad de esta espiral de destrucción e intimidación, y argumenta, por consiguiente, que es imposible negociar con terroristas.

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