Lingüística

¿Por qué los animales tienen 'patas' y las mesas también? Así reaprovechan palabras todas las lenguas del mundo

Un estudio de la UPF demuestra que el ahorro y la claridad son los patrones que comparten las lenguas a la hora de crear palabras

Un perrito en una imagen de archivo.
03/07/2026
3 min

BarcelonaLa mayoría de lenguas del mundo usan los mismos patrones a la hora de nombrar las cosas que nos rodean. Un estudio internacional liderado por la Universitat Pompeu Fabra y publicado en Nature Human Behaviour constata que las lenguas tienden al ahorro léxico y, por tanto, intentan reaprovechar palabras o partes de una palabra conocida, siempre que el contexto lo permita y no genere confusión. Según el investigador del departamento de Traducción y Ciencias del Lenguaje, Thomas Brochhagen, la economía del lenguaje es "un sesgo cognitivo" que a lo largo del tiempo conforma todos los idiomas, que los hablantes no hacen de forma consciente ni planificada. El cerebro tiene tendencia a buscar los caminos más rápidos para la comunicación.

A partir de bases de datos elaboradas por lingüistas los últimos 200 años (el repositorio Lexibank), el estudio ha hecho un análisis computacional de 1.995 lenguas de 193 familias diferentes. Esta investigación tan amplia demuestra que la categorización de lenguas tan diferentes como el inglés, el mandarín, el ruso, el alemán, el catalán, el suajili y el quechua usa unos patrones universales.

El primer patrón es que, cuando las palabras no comparten el mismo contexto, se impone la simplificación y, por tanto, se suele usar la misma palabra para designar cosas que tienen una relación directa, porque no genera ambigüedad. Solo tenemos que pensar en la palabra lengua. En catalán, el mismo vocablo tanto define el músculo de la boca como sirve para hablar de un idioma –lo que en inglés se diferenciaría entre tongue y language–. Hay muchos más ejemplos de solapamiento total de significados, como el cuello (del cuerpo y de la montaña), la pata (del animal y de la mesa), la hoja (del árbol y de afeitar). En más de cien lenguas del mundo hay una sola palabra para decir árbol y madera, día y sol, mes y luna, leche y pecho; aunque en catalán no sea así, porque "siempre hay excepciones".

El segundo patrón se aplica cuando la misma palabra podría generar confusión: entonces se reaprovecha una parte de la palabra o solo la misma raíz. Por ejemplo, los días de la semana, los binomios de parejas (grandmother, grandfather) o bien las familias léxicas: cocina, cocinar, cocinero. "La razón es la economía de las lenguas y la claridad comunicativa. Si queremos expresar una idea nueva, es más útil coger una palabra que ya conocemos como punto de partida que no establecer una nueva. Cuando el uso de la misma palabra puede generar ambigüedad, se recurre antes a una segunda opción que a una palabra completamente nueva. Esto deja su rastro en todas las lenguas del mundo. En muchas lenguas, hablamos de la cara de una montaña o de un edificio, para evitar decir la parte frontal", explica Brochhagen a l'ARA. El tercer patrón se da cuando se podría generar confusión: en este caso, se opta por palabras bien diferentes.

La globalización y el predominio de lenguas como el inglés o el chino es probable que cambie las otras lenguas porque influye en la adopción de palabras, a menudo sin adaptarlas al funcionamiento gramatical de las lenguas propias. Esto ya ha pasado en la historia. Cuando el esclavismo llevó a millones de personas a las Américas, llegaron con sus lenguas. "Se crearon lenguas nuevas, y muchas veces vemos que se utiliza una gramática más simple. La diferencia básica entre el catalán y el inglés es la morfología. El inglés tiene un sistema más simple, pero, en cambio, es más inflexible sintácticamente", ejemplifica.

Desde la psicología y la lingüística también se puede acceder de manera indirecta a las funciones neuronales. "La manera como organizamos el significado en las diferentes lenguas nos abre una ventana al cerebro, a nuestra cognición", dice en un perfecto catalán el científico alemán, instalado en Barcelona desde 2020.

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