Seguir haciendo clases intensivas de catalán en julio: "Es la primera lengua europea que hablo"
Las aulas de acogida acelerada se alargan en verano para que 143 alumnos de Barcelona hagan refuerzo de cara al curso que viene
BarcelonaEs julio, pero las clases no han acabado para todos. Hay 143 alumnos de secundaria de Barcelona (y sus profesores) que, desafiando las temperaturas, han alargado el curso escolar tres semanas extras para hacer un intensivo de catalán. Después de la prueba piloto del año pasado, este verano el Consorci d’Educació de Barcelona ha ampliado la iniciativa con siete grupos de unos veinte alumnos de entre 12 y 16 años, la mayoría de los cuales necesitan consolidar el nivel B1 de catalán. Todos son jóvenes que han llegado a la ciudad durante el último año, la mayoría de Latinoamérica pero también de Marruecos, China, Pakistán o Ucrania. Durante el curso escolar han pasado por una de las diez aulas de acogida acelerada (AAA) que hay en los institutos de Barcelona. A diferencia de las 238 aulas de acogida ordinarias de escuelas e institutos públicos y concertados, las AAA están pensadas para que el alumnado recién llegado de secundaria pueda hacer una inmersión intensiva en catalán durante cuatro meses antes de incorporarse al centro educativo que les corresponda.
Isis llegó a Barcelona hace siete meses desde Ecuador, con 12 años, para reencontrarse con su madre, con quien prácticamente no había convivido. Pasó los primeros cinco meses en un aula de acogida acelerada en el Institut Barcelona-Congrés, donde se inició en la lengua: "El primer día el profesor del aula de acogida nos dijo: «De esta aula salen alumnos hablando fluidamente catalán», y yo pensé: «Tú estás loco!»", confiesa. Isis encontró en el aula un espacio lo suficientemente obligatorio para lanzarse a hablar catalán y lo suficientemente cómodo para no tener miedo de equivocarse. "Ahora hablo en catalán en la calle, así lo practico, porque si no solo lo puedo hablar en el curso y con mis tíos. A veces hay gente que se hace la loca y no te contesta en catalán", lamenta, con un catalán muy bueno. "Sinceramente, me encanta cuando me dicen que hablo muy bien para el tiempo que hace que estoy aquí. Pienso: «¡Te quiero!»", dice Isis. Como en septiembre empezará 2º de ESO en el Institut Manuel Carrasco i Formiguera, el profesor le recomendó no perder el ritmo de aprendizaje en verano, para dar el salto al nivel B1.
Reducir el abandono
Las aulas de acogida acelerada nacieron hace tres años como proyecto piloto, cuando observaron que "los alumnos que abandonaban antes los estudios eran los que llegaban más tarde", explica Eulàlia Esclapés, directora de educación y territorio del Consorci d’Educació de Barcelona. Para algunos inmigrantes el principal problema escolar es el salto educativo y cultural que implica el traslado, pero para otros el reto es que sencillamente necesitan tiempo para alcanzar la lengua. Las AAA quieren dar este tiempo: implican una exposición intensa al catalán, cuentan con profesores especializados y un aprendizaje sistematizado pensado para adolescentes que, además, se agrupan en función de si son castellanohablantes o tienen lenguas más lejanas al catalán. "Ganan una base de aprendizaje mucho más sólida, ganan seguridad y vemos que la evolución es exponencial –dice la profesora Raquel Castells–. Además, hacen un vínculo emocional con la lengua y conocen personas de diferentes culturas con quienes la lengua vehicular es el catalán. Les queda un recuerdo muy bonito del grupo y del aprendizaje, que es muy empoderador".
Lo confirma Mehedi, que llegó de Bangladesh hace un año. Tiene 15 años y volverá a empezar 3º de ESO. En el aula de acogida hizo amigos de todo el mundo, muchos de los cuales no sabían ni catalán ni castellano: "El catalán es la primera lengua europea que hablo", afirma este joven, que ya hablaba bengalí, urdú, un poco de árabe, inglés y ahora catalán, asignatura que ha aprobado. Adam, de origen marroquí y de 14 años, dice que le fue "muy fácil" aprender catalán en el aula de acogida acelerada. El curso anterior había vivido en Andalucía y fue peor: "No podía hablar con los compañeros. Es mejor que te enseñen a comunicarte antes de saber el pluscuamperfecto", afirma. Estudiar catalán en verano, de entrada le daba "un poco de pereza", pero admite que le ha ido bien: "Para repasar lo que hemos hecho en el aula de acogida y para tener más confianza de hablar catalán con gente de fuera. Ahora no me siento incómodo", dice con un acento magnífico.
La financiación del comisionado de uso social del catalán del Ayuntamiento de Barcelona ha permitido multiplicar por siete la oferta del verano pasado, que coordina la Escola Oficial d’Idiomes de Drassanes con profesorado especialista de institutos y que es gratuita para los jóvenes. Han sido tres semanas y 45 horas de clase, con salidas culturales semanales, hasta este viernes. "Los cursos durante el verano nos permiten reducir la desconexión académica de dos meses sin contacto con la lengua y consolidar el aprendizaje del curso. De los 20 alumnos del verano pasado, 18 siguen estudiando", celebra Esclapés. El objetivo es que cada vez más alumnado de origen extranjero llegue a bachillerato y supere las PAU. De momento no se plantean cambiar de arriba abajo el modelo de aula de acogida ordinaria, pero sí mejorar su rendimiento: "Queremos destilar lo que hemos aprendido y hacer formaciones para acelerar todas las aulas de acogida", avanza Esclapés.
En la pantalla suena Jo no sé ballar, de Naina i La Fúmiga, porque la profesora está enseñando a los alumnos de quince años que también hay bachata en catalán. Después se pondrán a jugar con cartas para trabajar el imperfecto de subjuntivo. "Será un UNO diferente", anuncia la maestra. Y un alumno suelta un chiste lingüístico: "¡Será el uno!", salta. Buena señal.