Vivir con una caída libre de 50 metros al pie de la ventana
350 vecinos de Castellfollit de la Roca habitan casas suspendidas sobre el acantilado de roca basáltica, en el lado que da al río Fluvià
Castellfullit de la RocaLa vista panorámica del acantilado de Castellfollit de la Roca es una de las postales más bonitas e icónicas de Cataluña. Todo un pueblo suspendido sobre una roca basáltica, con una iglesia y una hilera de casas asentadas en el límite de un precipicio de cincuenta metros que cae en picado sobre el río Fluvià. En la cornisa de este peñasco, formado de manera natural por diversas coladas de lava hace más de 350.000 años, viven aproximadamente 350 vecinos, más de un tercio de los habitantes de este pequeño municipio de la Garrotxa.
Uno de ellos es Salvador Ros, que hace once años que habita una de las casas antiguas del acantilado. En la planta baja tiene una pequeña tienda de productos de proximidad donde vende embutidos, cervezas artesanas y recuerdos para los visitantes. El establecimiento, El Racó de la Font, da a la calle de la Iglesia, en la parte interior del pueblo. Ros vive en la primera planta con su mujer, laCarme, y, encima, vive el hijo de ella con la joven y el nieto. Todos los balcones y las ventanas de la cara norte dan directamente al abismo y, en lo alto de todo, incluso hay una terraza, donde a menudo hacen comidas y celebraciones. Las vistas con todo el paisaje verde de la Alta Garrotxa en el horizonte son espectaculares, pero la sensación de estar suspendido sobre el vacío no es apta para quien tenga miedo a las alturas.
"Al principio impresiona, pero te acostumbras. De hecho, mi mujer tiene vértigo, en otros lugares con mucha altura lo pasa mal, pero aquí en casa ya no le da nada", explica Ros. Para la pareja, vivir con una caída libre en una de las paredes del edificio está absolutamente normalizado. No se inmutan ni le dan importancia.
Tampoco les preocupa ni les da miedo. De hecho, el acantilado está controlado minuto a minuto, todos los días del año, por los sistemas de monitorización del Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya. Sensores de movimiento, escáneres láser y cámaras permiten detectar cualquier grieta, desprendimiento o movimiento que pueda poner en riesgo las casas. Los informes anuales registran microdeslizamientos con cierta frecuencia, sobre todo en días de mal tiempo, pero son imperceptibles para la población y no suponen ningún riesgo.
"El último incidente fue en los años 70, cuando la familia estaba cenando a la mesa y oyó un ruido muy fuerte y la higuera de la roca bajó pared abajo", recuerda Ros. Desde entonces no ha habido ningún problema remarcable. Eso sí, Ros, que ya es abuelo, toma precauciones especiales cada vez que vienen los nietos: "Bloqueamos los balcones que dan al precipicio con arneses para estar más tranquilos", reconoce.
Humedades en la planta baja y hierbas que suben por la pared
La casa de Salvador Ros, igual que todas las de las calles estrechas del alrededor de la iglesia, es de piedra antigua y mortero. Las paredes son gruesas y aguantan bien las inclemencias del frío y el calor. Ahora bien, como el terreno es de piedra volcánica, las casas no tienen cimientos profundos y el suelo se levanta directamente sobre la roca. "Si rascas un poco ya sale piedra, así que en la planta baja tenemos bastante humedad. La tenemos que pintar a menudo porque enseguida sale moho", remarca el vecino.
Aparte del suelo, el otro hándicap es la fachada norte que da al precipicio, ya que su mantenimiento no es nada fácil. En la pared de abajo, fácilmente crecen malas hierbas e incluso árboles que suben hacia arriba. Los propietarios pueden retirar una parte, pero a menudo se necesita la intervención de profesionales que trabajen colgados con arneses. "Hasta donde llegamos lo podemos ir limpiando, pero la vegetación siempre vuelve. Ahora mismo hay una higuera debajo de la casa que ya vuelve a ser grande y habrá que venga alguien especializado a cortarla", acaba Ros.
Los trabajos de limpieza y mantenimiento dependen del Ayuntamiento de Castellfollit de la Roca y se deben hacer con la autorización del Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa. Tienen un coste aproximado de entre 40.000 y 50.000 euros anuales, un importe que el consistorio no puede asumir en solitario y, por eso, reclama más apoyo a las administraciones superiores para garantizar la conservación y la seguridad de este preciado patrimonio geológico y arquitectónico.
- Edificio de tres plantas, de 1002 cada unaEn la primera planta, viven dos personas, en la segunda, tresEn Castellfollit de la Roca (Garrotxa)