Joel Codina: “Es como muchos pueblos de la zona, con calles estrechas y casas de piedra, en un entorno natural excepcional”

La simplicidad de Salardú da tranquilidad al fotógrafo

En Joel Codina delante del Hotel Deth País
09/08/2026 - 08:01 h.
2 min

Acostumbrado a viajar por toda Cataluña por trabajo, al fotógrafo Joel Codina le ha costado elegir su lugar preferido. Ha sido después de tener en cuenta dónde se siente más cómodo o por qué repite, que se ha decantado por Salardú. Hace cuatro años instauró la tradición de irse solo una semana: “No lo hago para encontrarme a mí mismo ni abrazar los árboles, me apetecía, es una oportunidad para estar de otra manera, y me he dado cuenta de que lo necesito”. Recuerda la primera vez que fue, cuando trabajaba en la Conselleria de Recerca i Universitats, en una salida por Viella y Salardú, todo el equipo se quedó a dormir en el hotel donde repite cada año. “Me gusta ir a un lugar que no me es ajeno y donde sé que estaré de maravilla”.Allá cambia completamente de ambiente. Acostumbrado a un trabajo donde hay tensión, ruido y mucha gente, resulta difícil desconectar. Siempre se instala en el Hotel Deth País, donde suele coincidir con un núcleo de amistades. El año pasado se encontró con un matrimonio de jubilados vascos que van desde hace treinta años: “No se mueven del Valle de Arán, se lo conocen todo. Fue un lujo hacer algunas excursiones juntos”. A veces elige estar solo y otras acompañado, e intenta ir cuando se celebra el Festival Dansàneu, para disfrutar de alguno de los espectáculos. Le encanta no tener ninguna obligación ni previsión de cómo será el día, si puede va a caminar, tira hacia Montgarri, a ver algún lago o a Les. Improvisa.  Explica que Salardú es como muchos de los pueblos de la zona: calles estrechas y casas de piedra, en un entorno natural excepcional con la montaña, el río, la fuente y una sensación extraña y agradable a la vez; un lugar ajeno que le resulta familiar: “Visualmente me aleja de mi día a día, que transcurre sobre todo en Barcelona”. En Salardú su vida transcurre en la montaña, la piscina y los bares o restaurantes donde come, tres parámetros básicos que lo desconectan del estrés y la agitación habituales, yendo todo el día arriba y abajo, cubriendo dos, tres y cuatro actos. Esta simplificación le da tranquilidad, su cabeza está despreocupada, sabe que si no es una calle será la del lado o la de más allá. Una sencillez que le resulta tentadora hasta el punto que se plantea la posibilidad de ir a vivir allí. A menudo va con la cámara encima: “En lugar de fotografiar libros, presentaciones, políticos o actos, fotografío naturaleza que me lleva a otro lugar”. Eso sí, siempre en verano, el ambiente del invierno no le agrada, dice que la nieve y él no son amigos. Siendo joven intentó esquiar y no ha repetido: “Me proponen escapadas o excursiones por la nieve con raquetas, pero no me dice nada. Soy más de calor y sol”.

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