'Hablar sucio' en catalán

Y en la cama, ¿nos excitamos en catalán?

El catalán tiene un gran potencial sexual y erótico pero falta extender y normalizar nuestro repertorio léxico

Dos fotogramas subtitulados de 'Més que rivals', en inglés y catalán.
07/03/2026
5 min

Barcelona—¿Qué cojones quieres realmente de mí?— pregunta el patinador Shane Hollander a su rival y amante Ilya Rozanov en la popular serie Más que rivales. — Quiero que me la chupes. — Vete a la mierda. Eres increíble. Ch\u00upamela tú a mí— le responde, enfadado, con unos eufemísticos pronombres étonos.Más que rivales es una de las ficciones de moda que ha obligado a afilar la herramienta a la traductora Alba Garcia Ventura, por encargo de la productora Dumilieu Media. La serie de Movistar (subtitulada en catalán) explora la tensión sexual entre dos jugadores de hockey y, de paso, retrata una tensión lingüística presente en el catalán erótico del audiovisual: la necesidad de encontrar palabras genuinas para los constantes fuck, dick y suck que no suenen reiterativas, ni artificiales ni cómicas.

"No es que el catalán no tenga lexicón propio para el lenguaje sexual o vulgar, que lo tiene y es abundante, sino que es un registro que no se ha normalizado mucho en el audiovisual contemporáneo. Esto hace que muchas expresiones, a pesar de ser correctas y coloquialmente aceptadas, suenen menos habituales al oído, y por tanto el impacto no sea exactamente el mismo que en lengua castellana o en lengua inglesa, en las cuales la exposición a este tipo de lenguaje es mucho más constante", explica Garcia. La traductora tuvo que calibrar en cada caso si optaba por la literalidad o por la creatividad, para transmitir la intención del original: "El dilema era entre optar por lexicón más genuino, que puede sonar menos frecuente en pantalla, o por vulgarismos que, a pesar de tener una influencia clara del castellano, resultan más inmediatamente naturales para parte de la audiencia actual".

Tenemos palabras cochinadas "Es un tópico y es mentira que no tengamos lenguaje soez en catalán", certifica Roger Miras, que con Laura Boj y Xènia Hernández, los tres lingüistas, conducen el pódcast Cardemcat, que en 2024 ganó un concurso de la Universitat de Barcelona. Para demostrarlo, acaban de publicar un libro de lexicón sobre sexo, Cardem en català (Rosa dels Vents), en el que ofrecen miles de recursos para ser a la vez cochinos y normativos. Por ejemplo enumeran hasta 276 palabras para decir pene, y evitar polla. "Al principio quizá te haga gracia, pero después normalizarás decir "}caja de cambios", asegura Miras. Su objetivo es exterminar el vocablo lefa del lenguaje corriente (cum, en inglés; lleterada, en catalán). "Un polvo es un clavo o una pardalada. Para twinks (una tribu gay) me gustó mucho moixí y ahora es lo que utilizo. Creo que sencillamente se trata de usar las palabras que ya tenemos, porque hay un gran abanico", defiende Xènia Hernández. Es la manera que la novedad pase al hábito, y el hábito a la normalización.

El problema es que la riqueza del vocabulario sexual catalán está poco extendida. A la crisis general de usos del catalán, se añade el tabú del sexo y la falta de producción cultural en catalán en comparación a las lenguas globales. Es un pez que se muerde la cola: se consumen contenidos sexuales en el cine, en la pornografía, en el romantasy en castellano e inglés y, a la hora de buscar la verosimilitud, algunas ficciones reproducen este lenguaje contaminado. "Se tiene que normalizar la jerga sexual en catalán. Y los medios públicos, y la cultura en general, deberían ser didácticos sobre este tema. Hemos normalizado el doblaje en castellano pero no el catalán, y esto es una cuestión de marco mental. Vivimos una situación de diglosia y tenemos que hacer militancia 24/7", opina Miras.

Ya hace más de treinta años del estreno en TV3 de Reservoir dogs de Quentin Tarantino y sus diálogos con cigales, herramientas y mecagumdeus, pero sigue siendo un registro poco habitual en el audiovisual en catalán. "Las expresiones más complicadas de traducir han sido las más coloquiales e íntimas –confirma la traductora de Más que rivales–. En las escenas sexuales, utilizan un lenguaje directo y descriptivo, con muchos vulgarismos, y el reto era encontrar un equivalente en catalán que mantuviera esa crudeza sin sonar artificial o excesivamente formal. En algunos casos opté por mantener términos como polla o follar, porque son palabras coloquialmente aceptadas y, en determinados contextos, ninguna otra opción transmitía la misma contundencia que el original. Y lo alterné con expresiones más propias del catalán coloquial como fotre, cardar o fotre un clau".

Cambiar de lengua para fornicarLos lingüistas del Cardemcat se han encontrado oyentes que les confiesan que, inexplicablemente, cambian de lengua para fornicar, aunque lo hagan entre catalanoparlantes. "Muchos jóvenes cambian de lengua cuando hablan de sexo –explica Beti Badia, que es psicóloga y sexóloga, y se dedica a hacer terapia, asesoramiento y divulgación en las redes–. En psicología se llama code switching. Te da distancia emocional, si el tema te tiene incómodo. Pero esto también pasa porque los referentes en el ámbito sexual lamentablemente a menudo son en la pornografía, que todavía es una de las grandes educadoras en sexualidad, y es en castellano o inglés. Evidentemente que el catalán tiene mucho potencial erótico, pero a los jóvenes a veces les cuesta trasladarlo a la realidad y hacerlo servir. En el ámbito sexual y del deseo nos queremos dejar ir y no ser correctos. Por el hecho de ser una lengua en resistencia, por la influencia institucional, hay una asociación del catalán a aquello que es correcto y no a la desinhibición. Históricamente el catalán ha sido una lengua más normativizada que erotizada", dice Badia. Ella contribuye a normalizar el sexo en catalán desde el programa Afers Interiors del canal joven del 3Cat @someva, y es optimista: "Hay nuevos referentes que están erotizando el catalán".

"Desde un punto de vista sexológico, ninguna lengua es intrínsecamente más erótica que otra", confirma Badia. Sí que hay encuestas que apuntan que el italiano ha desbancado al francés como lengua sexy global; después vendría el portugués de Brasil. Esto, sin embargo, tiene que ver "con el bagaje cultural, con la frecuencia con que se utiliza esta lengua en contextos íntimos, con los referentes, con el grado de legitimidad social que tiene un idioma, con el exotismo –continua–. No es que el catalán sea menos picante, sino que es menos practicado en contextos eróticos", dice. No en vano hay un solo film pornográfico en catalán,, y es de 1999.

"Es una cuestión de expectativas –apunta la traductora Alba Garcia Ventura–: el espectador está acostumbrado a oír determinadas fórmulas en otras lenguas y las asocia automáticamente a un registro sensual o provocador. Cuando estas mismas escenas se trasladan al catalán, la percepción puede cambiar no tanto por la palabra en sí como por la falta de hábito". Las metáforas con verduras, animales y herramientas, si no son muy populares, pueden provocar más risa que excitación. "Por ejemplo, términos como titola o tita pueden sonar menos sensuales que polla, a pesar de ser igualmente coloquiales, simplemente porque no estamos acostumbrados a oírlos en este registro. Al final, la sensualidad depende más del contexto, del tono y de cómo se utiliza la palabra que de la palabra en sí misma. Por eso, más que ampliar el abanico con palabras nuevas o recurrir al inglés, el reto es normalizar y alternar el repertorio que ya tenemos", afirma la traductora de Más que rivales.

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