Los 20 años del '.cat' en anécdotas: "¿Y para qué queréis un dominio de gatos?"
Diario digital con curiosidades, estadísticas e historias imposibles de 20 años de hacer existir Cataluña como entidad en internet
BarcelonaHace más de dos décadas los representantes de una comunidad internauta catalanoparlante ya muy activa insinuaron a la ICANN, el organismo que regula los dominios de internet, la posibilidad de crear un dominio de primer nivel que no estuviera vinculado a ningún estado (.fr, .uk, .es) ni a ningún tipo de actividad (.com, .edu, .org), sino a una lengua y una cultura. La respuesta fue de escepticismo. "«¿Para qué queréis un dominio de gatos?», nos decían", recordaba hace unos días Amadeu Abril, uno de los tres promotores originales del .cat, en una jornada conmemorativa del 20º aniversario del dominio.
La ironía es que hoy, entre los más de 118.000 dominios .cat activos (un 4,5% más que hace un año), hay más de 350 que sí hacen referencia a gatos y otros felinos, del clásico Gat.cat al viral Nyan.cat. Pero el tono de la pregunta original dejaba claro que, en 2003, pedir un dominio para una lengua sin estado era una anomalía técnica y política. El primer dominio .cat que existió, de hecho, fue una broma interna de los ingenieros de la Fundació puntCAT: el 21 de diciembre de 2005 registraron Tan.cat, que hoy todavía funciona.
Tres catalanes ante la ICANN
Detrás de aquella respuesta estaban Abril, Manel Sanromà y Jordi Alvinyà, los tres promotores que el 16 de marzo de 2004 presentaron ante la ICANN una candidatura formal con un argumento que ninguna otra ha podido esgrimir jamás: el apoyo explícito de 98 entidades y asociaciones, 2.615 empresas y 65.468 ciudadanos de todos los territorios de habla catalana. Esto fue, precisamente, lo que ayudó de manera decisiva a abrir negociaciones entre la ICANN y puntCat, la entidad nacida como asociación y transformada poco después en fundación.
En el camino hubo tropiezos, entre otros la protesta formal de un embajador español ante la ICANN. Pero el contexto político también jugó a favor, según explicaba el mismo Sanromà en la jornada: "En parte tuvimos el .cat gracias a los atentados del 11-M en Atocha, que hicieron cambiar el gobierno del Estado, y el ministro de Telecomunicaciones de entonces, el catalán José Montilla, no se opuso como sí lo habría hecho uno del PP". La ICANN aprobó finalmente el dominio .cat el 16 de septiembre de 2005 y, el 23 de abril de 2006, día de Sant Jordi, se abrió el registro a todo el mundo.
El primer año se registraron 19.693 dominios .cat. Hoy son más de 118.000, con una curva que nunca ha sido lineal. Ha habido momentos de euforia, como los primeros años o la ola del Procés en 2017, y también de contención, propios de un mercado ya maduro. El .cat, además, tiene una tasa de renovación superior a la del .com: nueve de cada diez titulares renuevan el dominio cada año, una cifra que denota, sobre todo, utilidad. No es casualidad: el .cat posiciona mejor el contenido en catalán. Actualmente en el primer millón de webs más visitadas hay 391 (un 79% más que en 2010) bajo dominio .cat, encabezadas por Gencat.cat.
Los dos primeros años las palabras tendencia fueron santo, por las nuevas webs de municipios, y hotel, por el interés del turismo. Se podría decir que los registros funcionan como un sismógrafo del país. En 2010, el año de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut, la palabra más repetida en los nuevos dominios fue Cataluña. En 2017 y 2018 fueron los años de república y juntos. Y en 2020, con el confinamiento del 14 de marzo, se disparó una avalancha de dominios con covid, aunque el 73% se abandonaron antes de dos años: el registro impulsivo de una emergencia que pasó deprisa. "Cuando recorres veinte años de datos del .cat, te das cuenta de que el dominio es, en realidad, un dietario del país", resume Beatriz Guzmán, directora del área de dominios de Accent Obert (AO), la entidad heredera de la Fundación y que gestiona actualmente el .cat.
El dominio ha salido de casa
El 86% de los dominios .cat aún viven en los territorios de habla catalana, pero en 2006 eran el 94%: el dominio ha ido ensanchando fronteras. Dentro de Cataluña, el peso de Barcelona ha bajado de tres de cada cuatro dominios a casi uno de cada dos, mientras Girona ganaba terreno. Fuera del Principado, el País Valenciano ha multiplicado por ocho sus registros desde 2006.
Más allá del territorio, el .cat también ha hecho fortuna. Después del resto del Estado (7.384 dominios), Estados Unidos (1.764) y Francia (984) tienen presencia destacada, seguidos de China (803) y Alemania (587): catalanes de la diáspora, pero también empresas que quieren vender a los catalanohablantes. El punto más lejano del mapa está, literalmente, en la otra punta del mundo: en Nueva Zelanda hay registrados dos dominios .cat, una agencia de viajes y un desarrollador independiente.
El .cat admite hasta 63 caracteres, y alguien se lo ha tomado en serio: el dominio activo más largo –Arxiudelabasilicadelssantsmartirsjustipastor.cat– tiene 44. El más corto, en cambio, se conforma con un único carácter acentuado: Ò.cat, de Òmnium Cultural. Este aprovecha la capacidad del dominio de admitir los once caracteres propios de la lengua a través de los llamados IDN, que ahora son un 1,1% del total de .cat.
La lengua también deja huella cada año. Desde 2014, el neologismo del año que consagra el Termcat suele pasar antes por la calle y por los registros de dominios .cat (drones, esteladas, caceroladas), aunque las palabras sin recorrido comercial directo tienden a generar menos altas: en general, se registra aquello que se puede vender. Hay dominios que no se resignan a morir: uno de cada diez de los que se han dado de baja, generalmente por vulnerar normas sobre contenido o propiedad intelectual, han vuelto a nacer. Messi.cat ha vivido seis vidas; Spotify.cat, ocho; 404.cat, diez. El récord, sin embargo, es para una tripleta extraña: Realestate.cat, Sexy.cat y Pepsi.cat han tenido once vidas cada uno.
Pequeños tenedores
Detrás de todo esto hay sobre todo gente corriente: según Pep Masoliver, director de innovación de AO, casi la mitad de los titulares, un 47,6%, lo son de un único dominio, y un 25,5% tienen entre dos y cinco. El primer ciudadano que registró uno para uso personal fue Xavier Vernetta: Xaviervernetta.cat, que hoy todavía funciona. Uno de cada diez dominios .cat contiene un nombre de persona, con "Montserrat, Montse i Blanca" y "Albert, Carles i Xavier" entre los más repetidos. La cultura tradicional tiene un peso: tres de cada cuatro collas castelleras con web lo han elegido .cat, una cifra que sube al 85% entre las collas tradicionales del Principat, las Illes y la Catalunya Nord.
Veinte años después, el dominio que nació entre la duda y la incredulidad se ha convertido en una referencia para otras comunidades lingüísticas y culturales que, desde entonces, han seguido el mismo camino ante la ICANN. En la misma jornada conmemorativa, Ronald Schwärzler, de geoTLD, la asociación que representa los dominios de primer nivel de ámbito geográfico, agradeció explícitamente el apoyo que el .cat les ha dado en sus propias gestiones con la ICANN. El dominio de los gatos, decía la broma de hace veinte años, ha acabado siendo la puerta para que una lengua y una cultura, sin necesidad de tener un estado detrás, puedan tener casa propia en internet.