El '30 minutos' se adentra en el problema

La promoción que anunciaba el 30 minutos de este domingo sobre el recinto B9 de Badalona afirmaba: "Todo el mundo opina, pero nosotros hemos entrado". Ésta era la gran virtud del reportaje: el mérito periodístico de haber accedido al B9 antes de que se produjera el desalojo de las cuatrocientas personas que vivían en la miseria y entender cómo era el interior de aquel antiguo instituto, qué pasaba y cómo se organizaban sus ocupantes.

El reportaje abordaba dos aspectos. Por un lado, las historias de los protagonistas, para exponer qué circunstancias les habían traído hasta allí. Vivencias que demuestran nuevas grietas sociales vinculadas a la gestión de la inmigración, el racismo, la exclusión, la falta de oportunidades y los problemas de salud mental. Pero también hacía emerger la labor solidaria de organizaciones de Badalona. Por otro, ponía el foco en el conflicto que suponía el asentamiento en el barrio, aunque las tensiones se exponían a través de las declaraciones civilizadas de algunos vecinos y no ilustrando las hostilidades, que muchos de ellos lamentaban.

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Contar con el testimonio directo del alcalde de Badalona permitía contar muy bien el choque de intereses y la gestión municipal del problema. La desinhibición y claridad de García Albiol a la hora de hablar y una cuidadosa selección de sus intervenciones permitían al espectador leer entre líneas aspectos más sutiles de su discurso, vinculados al uso del lenguaje: "Me da igual que sean blancos o negros. Me da igual que sean guapos o feos", decía el alcalde. Una frase que pretendía desvincularle de cualquier motivación racista y acababa por ser una confirmación de los prejuicios. En una secuencia del desalojo, una mujer que acompañaba a Albiol le comunicaba la efectividad del operativo: "Ya está todo limpio". Una frase que conecta con la promesa del alcalde de "Limpiar Badalona" y que, una vez más, equipara la suciedad a la inmigración y los más desfavorecidos.

B9 demostraba haber realizado un buen trabajo de creación de lazos de confianza con los protagonistas para entrar en el recinto. Se proyectaba una mirada empática sobre estas personas. No pasaba desapercibida la ausencia de mujeres entre los testigos escogidos, y en ese sesgo seguramente se esconden otras razones de fondo y nuevas historias que quizás no se contaron. En un B9 que parecía habitado sólo por hombres, ¿cómo vivían las mujeres? ¿Cuáles eran sus circunstancias? También se intuía que existía una zona del asentamiento menos accesible. La idea de reencontrarse un mes después con algunos de los desalojados para saber cómo vivían permitía trazar mejor los caminos de la solidaridad y la exclusión.

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Éste 30 minutos fue un reportaje revelador, delicado, muy actual y que explica una problemática muy viva en nuestro país a través de la voz de los afectados. Y cómo tenemos esta realidad junto a casa.