El anuncio grotesco de Griso y Quintana en Ceuta

Las cosas no pasan de verdad hasta que no llegan las estrellas de la televisión. El primer día de la temporada regular, las grandes figuras mediáticas han aterrizado en Ceuta no porque la actualidad lo requiriera más que la semana pasada, sino, sencillamente, porque se les han acabado las vacaciones. Y han vuelto criticando que Pedro Sánchez también haya hecho. La miseria y el drama que se ha fermentado durante semanas en las playas y las calles de la ciudad ya se puede explotar con el sensacionalismo necesario. Y ya ha pasado suficiente tiempo para que muchos vecinos de Ceuta, por fin, vean de cerca a sus heroínas que vienen a salvarlos a todos. Ahora sí que el conflicto va de verdad.El lunes, la jornada comenzó con las reinas matinales de Antena3 y Telecinco paseando por la playa de El Trampolín. Es el día que se ponen vaqueros porque hacen de reporteras. Caminan entre la pobreza, exquisitas y estilosas, demostrando que, cuando hace falta, se arremangan. Ambos magazines han grabado a las presentadoras paseando entre barracas mirando a su alrededor con preocupación, como si fuera un anuncio. También observan las duchas provisionales que se han instalado y comentan con estupor las mezquitas improvisadas o los mercados de ropa. El contraste entre su sofisticación y el panorama que les rodea resulta morboso, porque adquiere una especie de épica grotesca. La prueba definitiva de que la situación de Ceuta es grave es que hasta ellas han tenido que comprobarlo de primera mano. Susanna Griso y Ana Rosa Quintana se dejan tocar por las mujeres de Ceuta que las admiran. Griso coge por los hombros a una mujer que le dice que no pueden más y que no podrán llevar a los niños a la escuela: “No te preocupes, que vamos a hablar con mucha gente”, le dice, como si ella fuera garantía de solución. La mujer apoya la cabeza en su pecho y llora. El programa de Ana Rosa ha montado unas vallas para proteger a su presentadora y un montón de señoras se asoman. “¡Ana Rosa, eres nuestra voz!” Le regalan abanicos y se emocionan. Quintana las coge del brazo para transmitirles apoyo: “No vamos a dejarlos”, las consuela. “En estos momentos difíciles, todos los españoles somos ceutíes”, dice Quintana solo abrir el programa. Ha llevado a Eduardo Inda, vestido con guayabera, hasta Ceuta para hacer de contertulio.Las dos caras de la historia son desiguales. La voz de los ciudadanos autóctonos es en directo. Las intervenciones de los marroquíes son siempre grabadas. Griso les escucha sin detenerse mucho, y en la edición mantienen solo lo que traduce ella de sus comentarios. Solo tienen que alargar el micrófono y hacer preguntas dramáticas: “¿Cuánto has dormido las últimas semanas?” Todos contestan cargando contra Pedro Sánchez. Saben qué esperan de ellos en estos programas. Las presentadoras les piden que enseñen los botes de gas pimienta que llevan las mujeres en sus bolsos. Susanna Griso y Ana Rosa Quintana no han ido a Ceuta a explicar nada que no supiéramos. Su simple presencia sirve para exaltar el malestar. No buscan nada más.