El caso del falso gato devorado por inmigrantes

BarcelonaDurante la campaña de las presidenciales del 2024, Donald Trump aseguró sin tener ninguna prueba que los inmigrantes de origen haitiano se estaban comiendo los gatos y los perros de los vecinos de Springfield, en Ohio. Aquello no tenía ninguna base real, y en cualquier país normal habría supuesto la descalificación absoluta del político, pero en Estados Unidos, como sabe todo el mundo, Trump ganó las elecciones por goleada. He pensado en ello estos días, al ver que algunos medios españoles, mayoritariamente de la fatuosfera, han publicado noticias en las que denunciaban que los inmigrantes de Ceuta devoran gatos, palomas, gaviotas y cualquier otro animal que corre por la calle. En una de estas noticias se adjuntaba una fotografía en la que se veía un gato muerto al lado de un contenedor. Por suerte, el servicio de fact-checking de la agencia Efe hizo las comprobaciones pertinentes y dictaminó que la fotografía no era de ahora ni de Ceuta, sino que era del 2025 y de Gran Canaria.

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Evidentemente, tampoco hay ninguna prueba de que esto esté pasando. Sí es cierto que algunos voluntarios que alimentan las colonias de gatos de Ceuta han denunciado que algunos han desaparecido, pero nada más.

En todo caso, y volviendo al caso de Trump, para calibrar el efecto de la noticia solo hay que leer los comentarios, en los que se califica a los inmigrantes de "salvajes invasores", en lo que es un proceso premeditado de deshumanización de un colectivo que a mí, por lo que me toca, me recuerda el trato que recibían los independentistas durante el Procés. O como cuando se acusaba a los judíos de matar niños para usar su sangre en rituales. Pero esta es la clave: cuando deshumanizas un colectivo entero, entonces ya no puedes sentir ninguna empatía por las personas individuales que forman parte de él. ¿Y cómo puedes sentir empatía por una persona que mata y devora gatos?