La magnífica 'road movie' de Lídia Heredia
Este domingo el 30 minuts era diferente. Ruta 66, escuchando a los Estados Unidos era un reportaje de Lídia Heredia en el que cruzaba el país norteamericano de costa a costa. Si en el informativo sus crónicas se hacen cortas y tienes la sensación de que la corresponsal tenía mucho más que ofrecer de lo que ha podido incluir en tres minutos, esta vez sentías que habías disfrutado de su potencial periodístico.
Como contexto para las midterm de esta semana, Heredia explicaba al inicio que se alejaba de la voracidad política y mediática de Trump para escuchar a los ciudadanos. Para hacerlo, recorría una de las carreteras más emblemáticas de los Estados Unidos sobre la cual se ha construido buena parte de su mitología de la libertad. Pero es mucho más que eso. Y Lídia Heredia lo insinúa con una imagen que dura solo unos pocos segundos. Un detalle sutil. Sobre el salpicadero del coche que conduce vemos un ejemplar de Las uvas de la ira de John Steinbeck. En la novela, la carretera representa la esperanza de una vida mejor, pero también significa desesperación y miseria. Heredia, aunque juega con el imaginario tan icónico de gasolineras, restaurantes de carretera y parajes decadentes, también quiere subrayar la memoria del territorio que sirve para hablar de desigualdades, de migraciones interiores y de conflictos sociales.
Coincidiendo con el 250º aniversario de la nación, la corresponsal encuentra un hilo conductor administrado en su justa medida: pide a algunos de los testigos que lean uno de los pasajes más célebres de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, la que habla de la promesa de igualdad, libertad y felicidad como las tres verdades del principio fundacional. Un ejercicio sencillo y eficaz: el texto les interpela emocionalmente y les hace dar una respuesta sentida, incluso desde un punto de vista crítico.
Ruta 66, escuchando los Estados Unidos utiliza los códigos visuales de la road movie. La narrativa tiene la potencia visual de las ciudades y de los personajes tan peculiares, con la religión, la industria, el patriotismo y la diversidad étnica como elementos que atraviesan los espacios. El montaje musical es espléndido, sin imponerse a la narración. Pero hay otro aspecto muy potente, y es la poética que aporta Heredia a través del guion. Tiene el rigor y la precisión periodística, hay la profundización de la contextualización, pero tiene una sensibilidad literaria muy evocadora que construye un relato elegante: “Esta carretera fue la arteria principal del país, pero ahora que el tráfico ha encontrado caminos más amplios y bien asfaltados, la vida aquí se desvanece un poco. Muchos tramos parecen cementerios de un pasado. Una buena postal para pasar de largo y un lugar desamparado para quedarse”.
Con este reportaje, Lídia Heredia nos ha recordado el 30 minuts que durante una época vimos en TV3. Aquel que tenía ambición, que iba más allá de las fronteras, que tenía autoría y personalidad. Ojalá sirviera para recuperar la autoestima y el prestigio del programa, porque es uno de los espacios más maltratados por la parrilla y el presupuesto.