El 33 ha estrenado una serie documental magnífica que no se debe perder, sobre todo si lamente la escasa oferta cultural que hay en televisión. Dibujar por el cambio (Draw for change) se emite los lunes por la noche, pero tiene la serie completa en la plataforma 3Cat. Cada capítulo está dedicado a una humorista gráfica, dibujante de cómic, muñeco o ilustradora de diferentes lugares del mundo donde el poder ha coartado la libertad de expresión. Descubrirá a Doaa el-Adl, en el capítulo 3, la primera mujer que ganó uno de los premios de caricatura más prestigiosos de Egipto. Una dibujante valiente, muy crítica con el contexto político y social, que utiliza a los rotuladores para combatir la opresión que sufren las mujeres en su país. Tiene tanto talento a la hora de condensar las ideas más desgarradoras en una sola viñeta que te arrastrará a ver la serie entera y conocer a las demás autoras. Conocerá a Amany al-Ali, de Siria, amenazada y denigrada por el contenido de su obra; Mar Maremoto, que utiliza sus dibujos para combatir la violencia de género en México y dar voz a la comunidad LGBTI. También Rachita Taneja, creadora de una tira cómica muy ácida que se ha hecho muy famosa en la India por su espíritu combativo. Y Victoria Lomasko, exiliada rusa, que retrata a través del dibujo mural la violencia de estado ejercida por Putin.
La serie está injustamente escondida en la parrilla y en la plataforma 3Cat, pero es una maravilla, porque parte de una idea muy sencilla para explicar circunstancias sociopolíticas internacionales. Son realidades diversas, pero en cambio las protagonistas tienen mucho en común. Trabajan en un contexto de censura, violencia estructural y presión ideológica. La serie no pretende hablar del cómic como industria, sino del dibujo como herramienta de resistencia. Son profesionales que en su día a día expresan su punto de vista a través de viñetas, ilustraciones y murales. El dibujo requiere una gran capacidad de síntesis para transmitir un mensaje potente con una sola imagen, y éste es su gran poder. Pueden transmitir ideas políticas con tanta inmediatez, hacerlas tan accesibles y populares que su obra es considerada peligrosa. A lo largo de la serie se reflexiona sobre las amenazas, coacciones, autocensura, exilio, violencia simbólica y real. A Amany al-Ali la vemos dibujar bajo las bombas, y comprobar los estragos que la guerra ha provocado en su propia familia. Los lápices y los rotuladores se convierten en herramientas terapéuticas para expresar los miedos y el horror, pero también sirven para hablar de las emociones y de lo que sucede a su alrededor.
La serie, además, incorpora sus ilustraciones a través de la animación, de modo que ellas mismas participan en su propia historia. Realidad y dibujo se mezclan con una sensibilidad y precisión que la hacen muy bonita de ver. En un ecosistema mediático saturado de imágenes y ruido, el dibujo político y comprometido se convierte en nutritivo y revelador. Si se quejan de que no hacen nada bueno en televisión, ahora ya no tiene excusa.