El hermano de Sánchez y el debate sobre el 'lawfare'
Ya se sabe que a Sánchez (Pedro) todo le ponen y el azar –y las botas de Oyarzabal y Porro– han favorecido que el día que la prensa de papel tiene que informar de la condena de su hermano las portadas cedan espacios generosos a la victoria de la selección española. Una primera constatación, viendo los titulares, es que la inmensa mayoría tienen como sujeto “el hermano de Sánchez”. El Mundo va un poco más allá y se pone ofensivo titulando “el hermano enchufado de Sánchez”. Solo elAbc titula sin el parentesco: “David Sánchez, condenado por prevaricador”. Parece un titular inocente, pero tiene intención y malicia. Se trata de vender la idea de que la justicia ha operado con normalidad y por eso se constata el nombre a secas de la persona pillada en falta. Esta falsa asepsia esconde la falacia: desde el momento en que no se ha acreditado que Sánchez (David) obtuviera su cargo por maquinaciones de Sánchez (Pedro), resulta insólito todo este revuelo por un caso como todo el mundo conoce un buen puñado, por poco que haya salido de casa. Los jueces dejan resbalar la palabra nepotismo en un lugar ornamental de la sentencia para que la prensa amiga la recoja, pero en el razonamiento admiten que no han podido probar tráfico de influencias.
Mientras tanto, El País intenta hacer un muro de contención con un editorial donde dice que la causa había sido “insólita y desmesurada”, considera la sentencia “más basada en indicios que en pruebas” y lamenta que se haya optado por la vía penal en lugar de la contencioso-administrativa. La contratación pública desprende a menudo hedor de arreglos poco honrosos para dar pátina de libre concurrencia a lo que en realidad es designación digitalísima. Pero la utilización judicial y mediática arbitraria de esto regala otro hedor complementario. Y ambas combinadas comunican a la pituitaria un retrato acurado del sistema político, judicial y mediático español.