Hace poco más de un año, cuando Ricard Ustrell entrevistó a Susanna Griso en el Col·lapse, la periodista de Antena 3 lamentó que su vida privada apareciera en determinados medios porque ella siempre había intentado preservar la intimidad de su familia. También explicó la incomodidad de tener que vivir con coches de paparazzis que la perseguían allá donde iba, incluso en el momento de ir a hacer aquella entrevista.Es curioso, sin embargo, cómo Susanna Griso, a la hora de trabajar, aplica otro criterio. Este martes, en su programa, se hizo eco de la denuncia de la exmujer del ciclista Óscar Freire por violencia machista. Espejo público informaba que el juez había dictado una orden de alejamiento contra el ciclista después de que su expareja le hubiera denunciado por ponerle cámaras de vigilancia en casa y en el coche, seguir el vehículo con GPS y clonarle el WhatsApp. Un reportero se desplazó hasta la localidad donde vivían los protagonistas e hizo un circuito por el pueblo relatando los lugares donde se habían producido una serie de discusiones en público. Por el camino, iba preguntando a las vecinas qué sabían de los maltratos: “Hoy detienen a cualquiera. A lo mejor mañana me detienen a mí por hablar”, decía una señora. “Desgraciadamente, este tema del maltrato se utiliza mal por parte de algunas mujeres”, decía otra, poniendo en duda a la víctima. El reportero estiraba la lengua a las entrevistadas: “La familia es conocidilla también...”, le sugería a una mujer, por si sacaba algún detalle. Como la entrevistada contestaba que sí, el reportero hacía cotilleo: “La madre estará buena entonces, ¿no?”, decía, como si se interesara por la familia afectada. “¡Imagínate! ¡Como cualquier madre!”, respondía la vecina. Entonces, el reportero fue hasta la puerta de casa de la víctima y llamó al interfono preguntando por ella: “¿Está Laura? Es para saber un poquito cómo está después de lo acontecido...”. Lógicamente, le colgaron.Susanna Griso recogía la crónica y pasaban a entrevistar a una detective. Un colaborador del programa le hacía una consulta espantosa: “¿Podemos dar por normalizadas las situaciones de tener bajo control a las personas?” Después que la detective aclarara que la vigilancia se tenía que ajustar a la ley, hacían un poco de tertulia sobre el caso. Otra colaboradora explicaba que había testigos que habían presenciado cómo el ciclista le cogía el móvil a la exmujer, se lo tiraba o no la dejaba llamar por teléfono. Cuando una tertuliana subrayaba la gravedad de la violencia machista como un problema estructural, Griso cerraba el tema con prisas: “Intolerable. Está bien que lo contemos, porque no tienes que sufrir una situación parecida si es tu caso”, aconsejaba a la audiencia. Lo que no deberían sufrir las víctimas es la persecución de los medios hasta la puerta de casa y que les llamen al interfono. Ni que los reporteros pregunten a los vecinos para revictimizarlas y hacer el chismoso. Lo que defiendes para ti lo deberías querer para los demás.