Mira cómo salen 'eurofans' de debajo de las piedras
El boicot de RTVE a Eurovisión ha provocado que toda una serie de personajes rancios que habían menospreciado el festival durante los últimos años –digámoslo claro: desde que el colectivo LGTBI+ le ha dado una nueva vida– ahora resulta que adooooran el certamen y así lo manifiestan en las redes sociales. Es el caso de la alcaldesa de Torrelodones, Almudena Negro, que en el año 2018 escribió: “¿Es hoy la mierda de Eurovisión? Es para no encender la tele”. En cambio, en esta ocasión ha tuiteado: “Media España viendo Eurovisión a través de YouTube (infinitamente mejor que las retransmisiones de TVE)”. O podríamos recordar el caso del presentador de Telemadrid Antonio Naranjo, escudero mediático de Ayuso. En el año 2015 opinó: “Eurovisión es como si mezclaras una despedida de soltero, una graduación y el anuncio de Freixenet, pero al por mayor. Y lleno de cuñados”. Al año siguiente los tildó de frikis y sugirió verlo a él en Trece. En cambio, estos días se quejaba de que “miles de hogares humildes que no pueden salir a cenar ni ir al cine o a conciertos se quedarán sin ver un espectáculo familiar”. (Como si no existiera el streaming, en fin). Igual que a mediados de los años setenta toda una serie de personajes fatxíssimos de repente se declaraban demócratas de toda la vida, un par de generaciones más tarde surgen estos eurofans de toda la vida, temo que bastante emparentados ideológicamente.
Mientras tanto, un artículo de opinión en El Mundo decía: “Europa se quiere mucho más a Israel que a España, la lección para Sánchez de una Eurovisión en la que Bulgaria vino al rescate”. El mismo medio recogía hace unos días la investigación del New York Times que consignaba el gran gasto del gobierno de Netanyahu para influir en el festival, como operación de propaganda. Empezar a hablar de amor en este contexto es el equivalente a calzarse unas gafas con cristales rosas y desgarrarse la voz entonando que "Europe’s living a celebration".