Televisión

Los participantes de 'La gran cita' se implicaron tanto que necesitaron un ancla a donde volver

Aida de Sàgarra ha sido una de las coordinadoras de intimidad de 'La gran cita', el primer 'reality' del Estado con esta figura

Aida de Sàgarra
10/05/2026
4 min

BarcelonaLa búsqueda del amor puede adoptar muchas formas. Se puede hacer de manera tradicional, a través de aplicaciones o, también, a través de un programa de televisión como La gran cita, el dating de 3Cat. El nuevo formato de la televisión pública ha innovado introduciendo la inteligencia artificial en la ecuación para encontrar pareja, pero no solo: se trata del primer reality del Estado que cuenta con la participación de dos coordinadoras de intimidad, una figura cada vez más habitual en cine y series pero nada presente en espacios de telerrealidad. Aida de Sàgarra, junto con Tatiana Barrero, han aportado su experiencia como coordinadoras de intimidad en La gran cita. "En este tipo de realities lo que es supernecesario e imprescindible es proteger la intimidad emocional de los participantes", explica De Sàgarra.

La principal diferencia con respecto a un formato de ficción y uno de telerrealidad es que en uno todo está guionizado y, por tanto, las coordinadoras de intimidad trabajan a partir de las escenas que se plantean, mientras que en el otro la base son las situaciones y reacciones espontáneas. El trabajo de una coordinadora de intimidad en un programa como La gran cita es diferente de la que hacen, por ejemplo, el equipo de psicólogos que también forman parte del equipo. ¿Qué objetivo tiene la coordinación de intimidad en un reality? "Conseguir que los participantes, cuando se emita el último capítulo, cuando se cierre el viaje que han hecho, digan: «Sí, este soy yo. Lo que veo es coherente con mi vivencia y con quien soy yo, con mis valores, con mi persona, con mis experiencias»", señala. El programa se ha convertido en uno de los grandes éxitos del 3Cat y, según datos de la corporación, ha alcanzado cerca de un millón de reproducciones en menos de tres semanas. El día del estreno de los dos episodios finales hizo un pico de más de 120.000 reproducciones en un solo día.

La burbuja del 'reality'

En la primera temporada de La gran cita se han visto participantes llorando desconsoladamente, amores no del todo correspondidos y también debates sobre el tipo de relación que se quería construir con una futura pareja. "Un reality genera una burbuja donde todo se acelera. Aquí teníamos personas que se estaban abriendo de verdad al amor, que es una de las cosas más conmovedoras para la intimidad. Te lo hace poner todo en duda, te lo remueve todo, te trastoca los esquemas, te desmonta rigideces, cosas que son muy íntimas. Los participantes se implicaron tanto, lo vivieron tan generosamente, que evidentemente necesitaron un ancla a donde volver", reflexiona. Esa ancla eran las coordinadoras.

De Sàgarra recuerda que durante el rodaje estaba con "mil ojos", pendiente sobre todo del lenguaje no verbal, un aspecto esencial en un reality porque no hay guion. "Tienes que estar muy pendiente de las reacciones, también cuando no se graba", detalla. La coordinadora de intimidad confiesa que hubo participantes que se vieron desbordados por las emociones y las vivencias porque el ritmo del programa les hacía difícil asimilarlas. "Empezamos a notar esa pequeña disociación que se daba con gente muy superada por la situación. Gente que empezaba a desconectarse, gente con ansiedad. Muy lógico y muy normal", recuerda la coordinadora, que asegura que su nombre y el de su compañera fueron de los más pronunciados durante la grabación del programa. En este sentido, uno de los momentos en que tuvieron más trabajo fue en una de las etapas más importantes del programa: cuando la organización revela a los participantes qué compatibilidad tienen según la inteligencia artificial con la pareja que han elegido.

Ejercicios y respiraciones

Cuando los participantes recurrían a las dos profesionales, ellas les ayudaban a recuperar la tranquilidad a través de diferentes técnicas, desde meditaciones hasta respiraciones, trabajo corporal o coaching terapéutico. En ningún caso opinaban o intervenían en las decisiones que han tomado. Otro aspecto del trabajo que han hecho las coordinadoras ha sido la gestión de la exposición de los participantes. Es decir, si alguien no se sentía cómodo con algo que se había grabado o tenía dudas de cómo se utilizaría, ellas hacían de mediadoras con la dirección del programa. Eliminar la ansiedad que puede producir esta situación "facilitaba que ellos pudieran relajarse y ser ellos mismos".

De Sàgarra admite que, de la misma manera que hay actores que no se sienten cómodos o que no colaboran con los coordinadores de intimidad, también ha habido participantes de La gran cita que no han recurrido mucho a ellas. "Hubo participantes que no se acercaron a nosotras, incluso participantes que han llegado en pareja y en las fases finales. Simplemente, lo que hacían era aceptar que, de vez en cuando, nosotras fuéramos a controlar cómo estaban. No pasa nada, está bien. Nosotras seguíamos con los ojos superabiertos", dice.

Sobre la posibilidad de incorporar los coordinadores de intimidad como figuras habituales en los reality shows, se muestra muy a favor, aunque asegura que hay formatos, como los de convivencia 24 horas, en los que el encaje puede ser más difícil. Remarca, sin embargo, que sería bastante necesario para evitar situaciones de abusos, como la que tuvo lugar en Gran Hermano en el año 2017.

Mientras que la incorporación de estas figuras en los realities todavía no es habitual, en ficción cada vez están más reconocidas y se está consiguiendo romper el mito de que su presencia en los rodajes quite espontaneidad. De Sàgarra argumenta que, de hecho, es todo lo contrario. "Diría que es imposible que personas más seguras, más coherentes y más conectadas se traduzcan en menos espontaneidad", dice. Además, se muestra clara sobre el aura que acompaña las escenas de sexo: "Grabar una escena de sexo tiene muy poco, de morbo. Es más bien un ejercicio muy generoso por parte de los actores, que se despojan emocionalmente y se muestran vulnerables ante su compañero y, después, ante todo el público. Entonces, ¿morboso? No, cero".

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