La ramplón está camuflando la falta de humanidad
En los programas de actualidad, las coberturas informativas de las catástrofes ya no tienen nada que ver con informar. Su finalidad es la explotación sistemática del dolor de las personas en situación de máxima vulnerabilidad. Un nuevo ejemplo lo vimos el martes en El tiempo justo de Joaquín Prat Jr., en Telecinco, cuando entrevistaba al tío de una niña superviviente de 6 años que había perdido a sus padres ya su hermano de 12 años en el accidente de Adamuz. Las intervenciones del presentador delataban que sólo quería exhibir la consternación de ese pobre hombre. Incluso lo utilizaron para crear expectativa en las pausas de publicidad y, después, restregarle la tragedia familiar con un sensacionalismo chapucero y edulcorado.
Joaquín Prat, hablando muy despacio y flojito para teatralizar su presunta sensibilidad, dijo al entrevistado: "Gracias por compartir lo que quieras compartir con nosotros". Lo que dijera le daba igual. Sólo querían exhibirlo como un trofeo de caza por la gravedad de su historia. Tras recordarle que había perdido a la hermana, el cuñado y el sobrino de 12 años, y que la niña se había quedado desamparada, le dijo: "Las pausas en la tele a veces llegan en el momento más inoportuno, pero te voy a pedir un poquito de paciencia para que podamos hablar después tranquilamente sobre lo que estás viviendo". Cuando regresaron de los anuncios, obligaron al hombre a mirar un vídeo con música trágica en la que se daban los detalles de todas las desgracias. Frases como "Esa niña había visto morir a su padre, a su madre ya su hermano". Le añadían los llantos de algunas vecinas de su pueblo lamentando la tragedia. Le hicieron escuchar las declaraciones de una guardia civil explicando las peripecias de la niña para salir ella sola del tren y cómo la criatura pedía por sus padres. El vídeo pinchaba aún más, con entonación morbosa:"Pero la familia por la que ella preguntaba no estaba. Estaba dentro de esos trenzas convertidos en toneladas de hierro". El entrevistado aguantaba escuchando el relato a través de la orejera."Madre mía...", murmuró, consternado por lo que iba sintiendo. Joaquín Prat le pedía que explicase lo que estaba viviendo y que precisara las dificultades que se habían encontrado para poder identificar a sus familiares. El presentador hacía énfasis en las situaciones más tristes. después, comunicarle que se habían equivocado.Mucha fuerza. Espero que la saqueu de algún sitio", le despidió Joaquín Prat. Hay que ser mala persona para instrumentalizar a las víctimas, pedirles paciencia con la publicidad, tratarlas con condescendencia y abocarlas a los detalles de su desgracia. La inhumanidad, disfrazada de ramplón y sentimentalismo, es un acto de crueldad.