Los enviados especiales

Juanma Moreno Bonilla y Pedro Sánchez comparecen desde Adamuz
21/01/2026
Escritora
2 min

Un enviado especial tiene sentido si el sitio de la noticia es una fiesta, una celebración, una efeméride. En este caso es divertido, mujer "color", preguntar a los anónimos, estar allí sintiendo su emoción. "¿Y usted cuánto hace que se espera para ver a su ídolo?" Si es una catástrofe, no tiene mucho. Antes, cuando no había cámaras, el enviado especial contaba la guerra, la tregua y el llanto de las víctimas. Era los "ojos" de quienes querían informarse. Ahora, que los periodistas de los programas "pisen el terreno" sólo hace que enlotar el terreno, porque son muchos y todos quieren lo mismo. Las cámaras, todas en el mismo sitio, nos enseñan lo mismo. Que veinte periodistas pregunten veinte veces a tal artista quien le ha diseñado el traje es comprensible. Pero no lo es que veinte periodistas pregunten veinte veces en la misma superviviente como fueron los minutos previos a la tragedia. ¿Qué sentido tiene un plató allí, en el lugar de los hechos? No ayuda a informar, ayuda sólo a alimentar. Queremos ver chatarra, gente llorando, restos de efectos personales por el suelo, personas que hablan de "suerte" (que son inducidas a hablar de "suerte"). Y queremos afectarnos del todo sinceramente.

En una situación así, con toda la prensa buscando un agujero para "informar desde el terreno", tampoco tiene sentido que los gobernantes —en este caso, Pedro Sánchez— presuman de la buena comunicación que ha habido con las familias de las víctimas y los informadores. De acuerdo, no hubo comunicación en el caso fatídico de la dana de Valencia, pero que haya en este caso no es motivo de presumir: no hace falta decirlo, no es educado. Un familiar que esté viendo la tele, ¿qué debe hacer, si sale un presidente presumiendo de que le ha informado? Kapuscinski decía que el buen periodista era el primero en llegar al lugar de los hechos y el último en marcharse. Pero esto era antes de los programas de entrañas. Ahora no hay último en marcharse, porque estarán siempre, siempre.

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