'Portobello', la serie que muestra la justicia italiana como una comedia del absurdo
Esta miniserie de Marco Bellocchio para HBO demuestra el nivel magistral que puede alcanzar la ficción televisiva basada en hechos reales
'Portobello'
- Escrita por Marco Bellocchio, Stefano Bises, Giordana Mari y Peppe Fiore, y dirigida por Marco Bellocchio para HBO Italia
- En emisión en HBO Max
Historia viva del cine italiano, Marco Bellocchio disfruta, con más de ochenta años, de una nueva edad de oro en su carrera, que se ha expandido últimamente a la ficción televisiva. Hace cuatro años estrenaba Exterior nit, una serie en torno a un asunto recurrente en su obra: el secuestro y asesinato de Aldo Moro y la repercusión que tuvo en el mapa político de su país. Ahora estrena la también espléndida Portobello, que mantiene diferentes puntos de contacto con el título anterior. Otra vez, estamos ante una miniserie centrada en el calvario real de un político italiano, en este caso Enzo Tortora (Fabrizio Gifuni, que también hacía de Moro), miembro del Partido Radical pero mucho más conocido como presentador de un magacín televisivo de enorme éxito en la Italia de los setenta, el Portobello del título.
En la cúspide de su fama, Tortora fue acusado de pertenecer a la Camorra por algunos "arrepentidos" y "exafiliados", antiguos integrantes de la organización criminal en proceso de colaboración con la justicia. A pesar de que no existía ninguna prueba que vinculara al político con la mafia, Tortora ingresó en prisión y fue juzgado en uno de los procesos más vergonzosos de la historia del país. Cuando por fin se probó su inocencia, estaba tan enfermo que murió pocos meses después, a los 59 años.
La violencia del sistema
Bellocchio, por tanto, vuelve a centrarse en una figura pública víctima de una violencia del sistema, lo que le permite ofrecer un retrato de Italia a través del papel que juega el arte de la representación. Estamos ante una serie que a duras penas se mueve en exteriores. La Italia de Portobello es aquella que socializa desde casa a través de la programación televisiva. El director de Vincere (2009) no es tan crítico con el papel de la pantalla pequeña en la deriva de la cultura y la política italianas como otros colegas suyos, de Federico Fellini a Matteo Garrone. Pero muestra el papel de la televisión a la hora de vertebrar una nueva forma de cultura popular que une al país y propicia el éxito del protagonista, hasta el punto de que un pequeño camorrista encerrado en prisión, Giovanni Pandico, se obsesiona con él y decide incriminarlo ante la policía.
Tortora se convirtió así en la víctima de una acusación absurda que, en lugar de aclararse, se hace cada vez más grave. En uno de sus últimos largometrajes, El traidor (2019), Bellocchio recreaba los grandes juicios contra la mafia que tuvieron lugar en los años ochenta. Aquí vuelve, pero desde otra perspectiva. En lugar de celebrar el papel heroico de tantos jueces a la hora de perseguir a estos criminales, muestra cómo las dinámicas judiciales acabaron barriendo a inocentes como Tortora. El director lo plasma todo convirtiendo el juicio en una comedia de los absurdos en la que se hace patente aquel gusto tan italiano por la retórica, en este caso la de las mentiras.
Resulta fascinante cómo Bellocchio y sus guionistas ponen en el centro esta capacidad de representación oral, cada uno en su registro, de los camorristas aferrados a su relato falsario. No necesitan subrayar la naturaleza de farsa de todo ello, porque se evidencia por sí sola, mediante también las interpretaciones sublimes de los actores. Sobre todo de Lino Musella en el papel de Pandico, uno de esos antagonistas elaborados con todos los matices para que devenga un personaje diabólicamente fascinante. Con el ritmo propio de las mejores series contemporáneas, Portobello también recuerda aquellas ficciones de los orígenes de la televisión, casi siempre ambientadas en localizaciones interiores, en las que guionistas de primera e intérpretes de origen teatral se ponían al servicio de la creación de la mejor ficción televisiva posible.