La solución demasiado fácil de señalar a los jóvenes
Explicado en términos generales, el tópico dice que muchos jóvenes votan a la ultraderecha porque se informan por redes de fuentes tóxicas. Querría añadir algunos comentarios a esta idea. El desencanto es un motor del voto joven, seguro, pero la ecuación informativa es un poco más compleja. Las fake news, según la corriente de pensamiento dominante, calan más entre capas de población de más edad. Los grupos de Facebook y los de WhatsApp son especialmente propicios para esparcir todo tipo de falsas informaciones. En el caso de los jóvenes, en cambio, el efecto es indirecte. No se trata tanto de que se traguen mentiras como de que han crecido ya en un entorno donde las manipulaciones estaban a la orden del día y, por tanto, su reacción instintiva ha sido rechazar en bloque el paradigma comunicativo. Y lo han hecho porque, en buena parte, muchos medios de comunicación tradicionales han contribuido con mucha tenacidad a este descrédito. Una vez cala la idea de “No puedes confiar en nadie, todos te engañan”, entonces es más fácil caer en las trampas de los creadores de contenidos con cierto carisma personal que despachan recetas fáciles a problemas complicados. ¿Ves como no costaba tanto, si se habla claro? Y estas posiciones suelen ser las que enarbola la ultraderecha. Al final, fatxa y fatxenda son palabras primas.
Por eso, la educación mediática que se dispensa en los institutos no solo resulta insuficiente, sino también mal enfocada, porque se favorece esta actitud de recelo permanente: "¡No compartáis nada! ¡Sospechad siempre!" Y esta parálisis es precisamente el beneficio perseguido por aquellos que quieren destruir el panorama comunicativo donde el (buen) periodismo ejerce de contrapoder de los discursos del abuso, el odio y la toxicidad. Me parece mucho más inteligente decirles: "Aprended a distinguir el buen periodismo, que lo hay en todas partes, de quienes lo pervierten". No cuesta tanto y el beneficio es enorme.