Tres minutos contra los negacionistas de la misión lunar

Carlos Baraibar, jefe de verificación del 3CatInfo, y el presentador Toni Cruanyes.
Periodista y crítica de televisión
2 min

La misión lunar de la NASA con el lanzamiento del Artemis II ha provocado que algunos informativos hayan recuperado de una manera u otra aquella teoría conspirativa que asegura que la llegada de los humanos a la Luna en 1969 fue un engaño.

Este jueves, en Antena3 Noticias, hablaban de aquella gran paso para la humanidad que simbolizó Neil Armstrong y añadían: “Provocó el recelo de muchos escépticos que aún hoy dudan si sucedió realmente”. Después, entrevistaban gente de la calle para saber si recordaban la retransmisión y un hombre que aseguraba haberla seguido por televisión decía “Tengo mis dudas”, refiriéndose a la veracidad de los hechos.

Este miércoles, en Telenotícies vespre, después de un vídeo sobre la carrera por conquistar el espacio, Toni Cruanyes y Carlos Baraibar, jefe de verificación de 3CatInfo, desmintieron las tesis negacionistas que sostienen que el aterrizaje del Apollo 11 se grabó en un plató de cine: “¿Por qué no se ven las estrellas si la foto está en la luna?”, “¿Cómo se grabó Armstrong a sí mismo?, “¿Cómo puede ser que la bandera ondeara?”. Fueron desgranando las suspicacias de los negacionistas y desmontándolas con el relato oficial.

Está muy bien que los Telenotícies se quieran prestigiar ofreciendo un nivel extra de verificación ante los espectadores. Ahora bien, quizás es innecesario hacerlo con teorías negacionistas de hace mil años. En casos como este, la necesidad de escenificar la verificación no hace otra cosa que amplificar la farsa. Se construye un duelo narrativo que beneficia la conspiración, porque se le da una centralidad informativa contraproducente. Esta simetría periodística de plantear primero la afirmación conspirativa y, a continuación, dar la respuesta institucional, es injusta con la verdad y reitera uno de los problemas informativos de hoy en día: que el negacionismo marque la agenda. Además, este método contribuye a fijar el mito: la audiencia tiende a retener la información más sorprendente y no la más correcta técnicamente, que suele ser menos emocionante. Y más si tenemos en cuenta que los negacionistas son personas que consideran que sus conocimientos son suficientes para oponerse al consenso de los expertos. Las teorías de la conspiración no funcionan solo por falta de información sino por un supuesto exceso de sentido, y esto no se detiene con la teatralidad periodística más obvia.

También entra en juego una cuestión de ingenuidad periodística. Si la teoría de la conspiración por excelencia, una de las más cómicas, que ha desencadenado investigaciones de poca monta, documentales sensacionalistas y películas de ficción, fuera tan fácil de desactivar como dedicarle tres minutos a TV3, seguramente no estaríamos hablando de la conspiración más persistente y popular de la historia. Y no continuaría circulando con la vitalidad sorprendente que lo hace casi sesenta años después, incluso en los informativos que, teóricamente, han de informarnos y no desinformarnos.

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