Un país de ciencia

La Ciutadella, esencialmente científica

Los históricos equipamientos del parque urbano más antiguo de Barcelona se renuevan para acercar la ciencia a todos

29/08/2026 - 00:00 h.

La mala racha persiguió al invernadero del Parc de la Ciutadella de Barcelona en sus inicios. El Ayuntamiento convocó un concurso para urbanizar los terrenos de la ciudadela militar, levantada en el siglo XVIII por orden de Felipe V, en una buena parte del barrio de la Ribera. El jurado lo declaró desierto. No encontraron ninguno bueno. En segunda convocatoria, con las bases modificadas, el ganador fue Josep Fontserè.

El invernadero que proponía Fontserè encajaba perfectamente con el lema de su proyecto "Los jardines son a la ciudad lo que los pulmones al cuerpo humano" y fue construido de acuerdo con sus planos. Pero una fuerte tormenta –con granizo incluido– lo dejó tan maltrecho que se decidió derribarlo y hacer uno completamente nuevo. El segundo invernadero ya no fue diseñado por Fontserè, sino por Josep Amargós, autor de la Torre de las Aguas del Tibidabo y de la central de bombeo de Aguas de Barcelona en Cornellà de Llobregat.

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He aquí un nuevo contratiempo: estaba previsto que estuviera listo para la celebración de la Exposición Universal de 1888 –fundamentada en la idea de que "la tecnología cambiará el mundo"– para mostrar plantas exóticas y tropicales. Pero la exposición comenzó... y todavía no estaba acabado.

"Estas plantas están bastante contentas", me dice el biólogo Carles Lalueza-Fox, cuando estamos dentro del invernadero. Veo una gran variedad de verdes. Hay poca flora y mucha hoja. "A las plantas de este invernadero les falta una narrativa científica. La estamos diseñando. Habrá que explicar por qué están adaptadas a determinadas condiciones y cuál es el significado evolutivo de sus características botánicas", reflexiona Carles Lalueza. "¿Hace falta un invernadero, hoy, con este calor?", me pregunto en voz alta. "Con el cambio climático quizás debería tener otras características", me dice.

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A lo largo de los años el invernadero no solo ha acogido vegetación. Se han hecho exposiciones, conciertos... También ha sido la sede de un restaurante y, hasta, ha habido gallinas, gallos, patos y conejos. Y el hongo mortal Amanita phalloides. Ha tenido buenos momentos –incluso calefacción– y otros de letargia.

Una chica de largos cabellos negros trenzados, que forma parte de una familia muy numerosa, se desentiende de su grupo y se nos acerca discretamente. Parece que quiera escuchar a Carles. "En el invernadero la gente viene, no tenemos que ir a buscarla, a diferencia de los museos", dice mi anfitrión.

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Leo en un cartel el horario del invernadero. La hora de cierre es el atardecer. Es una hora diferente cada día, aunque un poco imprecisa. Pero es más preciso que lo que dice un bar de Calaf, que frecuento: "Abrimos cuando llegamos, cerramos cuando nos vamos, y si venís y no estamos es que no coincidimos".

Acto seguido nos desplazamos hasta el Museo Martorell –llamado Centro Martorell de Exposiciones, actualmente– que se encuentra justo al lado. Nos acompaña la banda sonora de un gran piar de pájaros que revolotean por los pinos. ¡Qué montón de naturaleza dentro de Barcelona! Carles conoce desde niño este museo de quien fue un gran naturalista, arqueólogo y comerciante (y benefactor, ya que al morir dejó su legado a la ciudad). "Venía con mi padre casi cada domingo. Él me compraba minerales y fósiles en un pequeño mostrador de la entrada para mi colección, que aún conservo", me comenta.

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"No se debe menospreciar nunca la influencia que un museo, o incluso una exposición, puede tener en una persona, décadas más tarde". En su caso es bien evidente: ahora es director del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona. Y añade: "De muchas de las cosas que hacemos hoy en cultura científica veremos el impacto de aquí a una o dos generaciones. En realidad nosotros trabajamos con el futuro, no con el pasado".

El Museo Martorell acoge grandes exposiciones de divulgación científica. La muestra temporal –de larga duración– que hay ahora es "La invención del tiempo", llena de reflexiones y curiosidades. Como esta: entre las especies campeonas de longevidad hay que destacar algunas medusas, que son esencialmente inmortales. El precio de esta inmortalidad es grande: su vida mental es extremadamente simple.

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El conjunto de centros dedicados a la ciencia de la Ciutadella –el parque urbano más antiguo de Barcelona– comprende dos espacios que ahora están en obras, construidos también para la Exposición de 1888. Son el castillo de los Tres Dragones (que en aquel evento internacional fue cafetería-restaurante, y durante muchos años fue la sede del Museo de Zoología) y el Umbráculo (como dice el nombre, para plantas que necesitan sombra, cosa que en el siglo XIX era innovador). Se añadirán nuevos espacios, como los centros de investigación que se están construyendo en el antiguo Mercado del Pescado y la biblioteca pública estatal, en unos terrenos al lado de la Estación de Francia. También está el Zoo, que debería redefinirse como un centro de conservación de fauna amenazada.

El primer edificio construido como museo público en Cataluña"El Museo Martorell es el primer edificio construido como museo público en Cataluña. Se inauguró en el año 1882. Fue reconvertido en Museo de Geología en 1924", me explica Carles Lalueza. El edificio es imponente, macizo, y con pocas aberturas (por eso en el interior hay poca luz natural). Cuando se construyó, la importancia del museo se medía en exceso con el edificio.

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