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Sabes qué era la Coca-Cola antes de una popular bebida?

La preciosa farmacia de la abadía benedictina de Santa María la Real, de Nájera, tuvo una vida efímera pero ahora se puede ver entera en el Museu Cusí de Farmàcia, en El Masnou.

Vista del interior del Museo Cusí de Farmacia, situado en el Masnou.
23/08/2026 - 23:59 h.
5 min

"La Coca-cola se formuló como jarabe medicinal en 1886. Como no tuvo mucho éxito, decidieron presentarla como un refresco y funcionó", me explica Francesca Niubó, microbióloga y responsable del Museu Cusí de Farmàcia. ¡Y tanto que funcionó! Tengo justo delante una botella pequeña de vidrio, con las letras Coca-cola inclinadas, la imagen "de toda la vida" de esta bebida oscura, que dicen que quita tanta sed, pero no estoy seguro. Esta es una de las muchas curiosidades que se explican en el museo, un magnífico espacio lleno de objetos de épocas muy diversas que tienen relación con el mundo de la farmacia y de la medicina: piezas de cerámica, vidrio, morteros –de bronce y de hierro–, exlibris, grabados e instrumental médico y farmacéutico. El atractivo principal, sin embargo, es una farmacia barroca del siglo XVIII. Era de la abadía benedictina de Santa María la Real, en Nájera. Se muestra toda entera (aunque, como no hay documentación, no se sabe qué disposición tenía). Contiene potes y urcèoles de cerámica, un cordialero con frascos de vidrio, cajones de madera con el nombre de las plantas medicinales y armarios decorados con pinturas de animales exóticos, entre otros motivos. Me sorprende ver pintados estos animales que no se encontraban siglos atrás –ni actualmente– en La Rioja: una pantera, un cocodrilo... Es probable que pasaran peregrinos o comerciantes que habían estado en otros países y se los explicaran. Y el pintor, con su oficio, también los habría querido "explicar". Es una de las muchas singularidades de esta preciosa farmacia que transporta a una época en la que los boticarios preparaban las fórmulas a mano, mezclando hierbas, minerales y otros ingredientes. Se explica que los monjes del monasterio tenían un huerto solo para cultivar plantas medicinales, un lugar para secarlas y que una vez secas las guardaban en cajones, donde reposaban hasta que las debían usar. La farmacia tuvo una vida corta: la desamortización de Mendizábal expulsó a los monjes. Pero el monje farmacéutico tuvo la buena ocurrencia –y la santa paciencia– de desmontarla, y la guardó en casa de su hermano. El año 1920, Joaquim Cusí, con la idea de instalar un museo en los laboratorios que quería construir en El Masnou, buscaba una farmacia antigua. Tuvo noticia de esta de Nájera, fue allí y la adquirió. Sin verla. Estaba en cajas amontonadas en una cuadra. "Toda la madera de la farmacia la trajeron en tres vagones de tren", me explica Francesca, mientras observo libros antiguos de medicina general, oftalmología, anatomía y farmacia. Ahora estamos dentro de uno de los grandes tesoros del museo: la biblioteca. El libro más antiguo trata sobre oftalmología –la especialidad de la casa–. Es del 1520. La historia de los laboratorios Cusí arranca a principios del siglo XX, cuando Joaquim Cusí abre una farmacia en la calle Ample de la capital del Alt Empordà, con la ayuda de su hermano Carles. Era mucho más que una farmacia. En "Quimet" Cusí –le llaman así para diferenciarlo de su primo Quimarro (eran hijos de dos hermanos casados con dos hermanas)–, era un gran defensor de la lengua catalana. Por eso, además de medicamentos, también tenía otras cosas para la "buena salud", como revistas El Patufet. En la trastienda se tejían largas tertulias, en las que participaban personajes como el notario Salvador Dalí (padre del pintor), los hermanos Pichot (o Pitxot), Rafael, Joaquim y Lluís Cusí, numerosos músicos, Marià Pujulà –quien más adelante fue alcalde de Figueres–. Joaquim Cusí también fue alcalde de El Masnou. Sí, algunos tenían inquietudes políticas y se animaron a fundar un partido de carácter catalanista y republicano, Aplec Nacionalista Republicà. Querían que Figueres fuera un pueblo que brillara como los de Francia: "¡Cuando cruzamos la frontera vemos unos pueblos tan bonicos!", decían. Hoy, un siglo más tarde, Figueres continúa siendo diferente de los de Francia. "Cusí era bastante emprendedor. Hizo muchas fórmulas magistrales. Hizo una formulita que le dio muy buenos resultados", me dice Cesca. "¿Por qué lo dices en diminutivo?", pregunto. "¡Ah!... Es que es una fórmula muy fácil": una pomada antiséptica que curaba pequeñas infecciones oculares. Cusí hizo dinero –y se hizo un buen nombre– con esta receta de antes de los antibióticos. Se empezó a comercializar con el nombre de Pomada Oftálmica Cusí al Óxido Amarillo de Mercurio. En Francia se comercializaba una pomada similar, pero la de Cusí era de textura más fina y no hacía daño cuando se ponía en los ojos. Su éxito fue rotundo. Cusí tuvo "buena vista": pidió al oftalmólogo Barraquer una lista de oftalmólogos de todo el mundo, a los cuales envió muestras, y enseguida le llovieron pedidos de todas partes. "También destacó en dermatología", me explica la Francesca mientras me fijo en lo que dice un bote de farmacia: Laboratorios del Norte de España. Así es como se llamaron durante años estos laboratorios. El grupo americano Alcon, una de las divisiones farmacéuticas de Nestlé, compró los laboratorios Cusí, que se rebautizaron como Alcon Cusí. Posteriormente, pasaron a formar parte del grupo Novartis y actualmente son de la empresa Siegfried. El edificio donde estamos estuvo a punto de ser bombardeado durante la guerra civil. Durante la contienda, se quedaron en el país Carles y Rafel Cusí. Joaquim, en cambio, netamente republicano, se exilió a París. Después a Bélgica, a los Estados Unidos (de paso) y a Costa Rica, donde fundó unos laboratorios, finalmente estuvo en México y volvió en 1945.En el momento de despedirme de Francesca, me obsequia una última anécdota de la guerra. Esta fábrica del Masnou era un objetivo de la aviación franquista. Pero el comandante que debía dar la orden del bombardeo era trabajador y amigo de los Cusí, y dio otras coordenadas. De otro modo, yo no habría conocido este tesoro del mundo de la farmacia y la medicina, ni a Francesca, ni el primer uso que tuvo la Coca-cola.

Detalle de una vitrina del Museu Cusí de Farmàcia, situado en el Masnou.

El laxante que inspiró el nombre de un grupo musical Uno de los numerosos medicamentos que podrán ver en el Museo Cusí es el laxante Laxen Busto, registrado en 1920. El conjunto musical Lax’n’Busto cogió el nombre de este medicamento cuando ya no se comercializaba. Es una de las muchas anécdotas que explica este museo del Masnou cedido por las herederas Cusí a la Reial Acadèmia de Farmàcia de Catalunya. La propiedad actual es de esta Academia, pero la empresa farmacéutica Siegfried se encarga de su mantenimiento. Uno de los requisitos que establecieron las propietarias a la hora de vender la empresa es que el museo no puede salir del Masnou.

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