Castillos

Compaginar la maternidad y la gama extra: el regreso de Marta Bayo con los Castellers de Vilafranca

Después de más de veinte años dedicada a los castillos, el año pasado tuvo que detenerse para comenzar una nueva etapa

Júlia Camprubí Díez
14/06/2026

Vilafranca del PenedèsEl embarazo y la maternidad suponen una pausa inevitable para las castelleres, pero el reto real a menudo llega después. Recuperar la forma física, reorganizar los horarios familiares, gestionar la lactancia o superar la sensación de estar perdiéndose momentos importantes de la crianza son, como en todos los trabajos, algunos de los obstáculos que aparecen en el camino de vuelta a plaza. Una realidad compartida por muchas mujeres del mundo casteller y que, a menudo, pasa desapercibida detrás de los grandes éxitos colectivos.

A pesar de las dificultades, hay un factor que empuja a muchas castelleres a volver: la pasión. Para aquellas personas que viven los castells intensamente, alejarse no es sencillo. Los castells forman parte de la rutina, de las amistades y, en muchos casos, de la propia identidad. "Los castells te enganchan", resumen a menudo los mismos castellers. Y es precisamente este vínculo emocional el que explica por qué muchas mujeres, después de ser madres, buscan la manera de continuar formando parte de la colla a pesar de las nuevas dificultades.

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Más de veinte años vistiendo la camisa verde

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Más de veinte años vistiendo la camisa verde

Marta entró en el mundo castellero casi sin buscarlo. Tenía solo seis años cuando, en el año 2000, un taller en Sant Martí Sarroca le cambió el camino. “No teníamos que ir al taller, pero estaban los castillos delante, nos vestimos y nos acercamos”, recuerda. Aquella primera experiencia la llevó hasta los Castellers de Vilafranca, collada donde ha crecido, ha aprendido y ha vivido toda su trayectoria. “Desde entonces no he dejado nunca los castillos”, explica. Con el tiempo, aquella actividad se convirtió en una manera de vivir. “He adaptado mi vida a los castillos”, resume con naturalidad.

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Durante más de dos décadas, su presencia en ensayos y plazas ha sido constante. Los castells han ocupado fines de semana, fiestas y momentos clave de su vida adulta. Pero también han sido una red y un espacio de pertenencia difícil de encontrar en otros lugares.

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En el año 2024, sin embargo, la vida le puso delante una decisión importante. Con su pareja, Adrià, hacía tiempo que hablaban de dar el paso de ser padres. No había un momento ideal. “Nunca es un buen momento”, admite. El calendario casteller siempre está lleno de objetivos, retos y temporadas decisivas. Aquel año, además, Marta vivía un momento especial: había conseguido formar parte del pd9fmp, una de las metas más exigentes de la colla. “Cuando cargamos el pilar de nou ya sentí que quizás era el momento de hacer un punto y aparte”, explica. Pero cerrar una etapa así nunca es fácil. La decisión se fue madurando entre la ilusión del proyecto familiar y la dificultad de alejarse de aquello que había sido el centro de su vida.

La temporada 2025 comenzó con esta incertidumbre. Marta habló con el jefe de colla para explicarle la situación, con la idea de continuar mientras el cuerpo y el momento lo permitieran. Hizo las primeras actuaciones, incluso completó un pilar de seis. Y poco después llegó la noticia: estaba embarazada.

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Emociones contrapuestas

Aquel instante lo cambió todo, pero no de manera brusca. Continuó vinculada a la colla, asistiendo a ensayos y ayudando desde tierra, especialmente con los niños. “No quería quedarme en casa sin hacer castillos, sin saber cuándo volvería”, explica. Pero vivirlo desde otra posición le abrió una perspectiva completamente nueva. Por primera vez, observaba las construcciones sin formar parte directamente de ellas. Y esto le generaba emociones contrapuestas: orgullo, nostalgia y, a veces, una cierta distancia difícil de asumir en los días importantes.

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Hubo momentos especialmente sensibles, como ver determinados castillos o pilares desde tierra. “Me costaba un poco”, admite. Pero también había una sensación clara: los castillos seguían dentro de ella, aunque la manera de vivirlos hubiera cambiado. Durante el embarazo, Marta también se prometió que no daría por cerrada su etapa castellera. Durante un tiempo había pensado que, después de ser madre, quizás no volvería a subir. Pero la realidad le demostró lo contrario. “Sigo enganchada”, reconoce.

Mucho trabajo detrás

El regreso no ha sido fácil ni inmediato. La recuperación física ha requerido trabajo constante: suelo pélvico, faja abdominal, fisioterapia y ejercicios adaptados. También ha incorporado rutinas desde casa y ha buscado espacios, como la escalada, para mantenerse activa. A todo esto se suma la lactancia y la logística diaria de un bebé de solo seis meses. Pero si hay una dificultad que pesa más que el resto, no es física. “Lo que peor llevo es la culpabilidad”, confiesa. La sensación de perderse momentos con su hijo aparece sobre todo en las actuaciones, cuando las horas fuera de casa se hacen largas e intensas. Aun así, también explica que su hijo se ha adaptado bien y que el apoyo de su pareja ha sido fundamental para que pueda continuar.

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Volver a descargar un extra de gamma

Su regreso a plaza con un castillo de gama extra se produjo la semana pasada en el Vendrell. Aquel día, asegura, fue diferente a todos los anteriores. No había presión, solo ganas. “Tenía muchas ganas de volver”, dice. Y esta vez, los castillos se vivieron con una calma nueva, casi desconocida para ella. “Lo disfruté mucho. Lo había echado mucho de menos”.

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Con el tiempo, Marta ha encontrado incluso un paralelismo inesperado entre la maternidad y los castillos. El crecimiento de su hijo, las novedades constantes y los pequeños logros le recuerdan, de alguna manera, lo que sucede en plaza. “Siempre hay retos nuevos”, reflexiona.

Hoy intenta sostener estas dos partes esenciales de su vida: la maternidad y los castillos. Ya no lo vive desde la exigencia de antes, sino desde el equilibrio que ha visto que es posible. Sabe que no siempre podrá llegar a todo, pero también que no quiere renunciar del todo a nada. “Los castillos han sido mi vida”, dice. Y a pesar de los cambios, lo siguen siendo de alguna manera. Porque en su caso, como en el de muchas otras castelleras, no se trata solo de volver a subir o no subir. Se trata de algo más difícil de explicar: la imposibilidad de alejarse de todo aquello que ha formado parte de una vida entera.

Su historia refleja una realidad cada vez más visible en el mundo casteller: la de las mujeres que intentan compaginar maternidad y collana, entre renuncias, adaptaciones y apoyos imprescindibles. Un camino que no es fácil, pero que también muestra la fuerza de un vínculo que, como los buenos castillos, cuesta mucho deshacer.