Joan Pujades: "Nunca me había imaginado repartir el pan que no fuera en bicicleta"
Panadero de La Puntual de Girona
GironaNo es fácil entrevistar a Joan Pujades, de la panadería La Puntual. No le gusta el protagonismo. Las largas colas delante de su horno en el barrio de la Devesa no han venido de grandes campañas de marketing, sino de la constancia, el buen producto, la simpatía y, sobre todo, la humildad. Cuando acepta hacerlo, después de mucha insistencia, pone una sola condición: que sea mientras reparte el pan. Esto significa pasar una hora persiguiendo su triciclo por las calles de Girona. En cada esquina alguien lo saluda. Un cliente, un comerciante, un conocido. Cruza cuatro palabras con todo el mundo, siempre por el nombre. Regala un buñuelo, un trozo de coca o, simplemente, un “¡buenos días!” “Soy un poco como el Floky de Girona. Y todavía no me han tirado cacahuetes, pero no falta mucho. Como hay pocos repartidores en bici por Girona...”, dice riendo.
Hace casi diez años que reparte el pan con un triciclo. De hecho, el mismo día que compró el horno también compró la bicicleta. “Nunca me había imaginado repartir el pan que no fuera en bicicleta”, explica mientras vamos de un local a otro. Su historia es de reinvención personal. Pasada la cuarentena, decidió dar un giro profesional y dedicarse a lo que le apasiona. Desde hace casi diez años, La Puntual se ha convertido en una de las panaderías de referencia de Girona. No solo por el pan de masa madre, el buen producto de pastelería y ahora también un bar tranquilo donde está el periódico cada día, sino también por un modelo de negocio único.
Ser coherente
“Creo que, a la larga, lo que está bien es ser coherente. Si compras la harina por los alrededores de Girona y haces el pan para la gente del barrio, no tiene mucho sentido repartir en coche... Pues eso, trasladado a todos los ámbitos: porque, al fin y al cabo, así todo es más fácil”, reflexiona Joan aparcado en la calle de la Força, en el Barri Vell. Es una de las zonas de Girona, junto con la calle de l’Argenteria, donde se ha limitado el paso de bicicletas durante el día a raíz del boom cicloturístico que experimenta la ciudad. Él esgrime que su tarea es de repartidor comercial, como las múltiples furgonetas aparcadas por todo el barrio que abastecen el otro boom en Girona: el de los restaurantes.
Le gusta imaginar una ciudad con menos coches y un Barri Vell donde soluciones como la suya fueran habituales. Así, dice, los repartidores estarían de “menos mal humor”. “Ahora se ven muchas más bicicletas que hace diez años, pero no precisamente de mi tipo”, lamenta, después de que diferentes proyectos de ciclologística no hayan prosperado una vez que se han agotado las subvenciones. En su caso, continúa pedaleando porque le hace estar más “contento” que ir en coche, a pesar de que con el paso de los años cada vez le resulte más pesado para el cuerpo y por el humo que se traga de los coches. “Al principio pensaba que tendría que pedalear menos”, explica sobre el modelo de triciclo francés que le acompaña desde el primer día.
Un triciclo de carga
Tiene una cestita delante, dos retrovisores, un motor eléctrico y detrás una gran caja cerrada donde se lee "La Puntual". Dentro, está preparada cada pedido de pan y pastelería. Joan sale cada mañana sobre las nueve, reparte primero por el Eixample y después desfila hacia el Barrio Viejo antes de volver a casa. Haga calor, frío o llueva. Una pequeña cubierta de la misma caja lo resguarda, pero en fin, como dice él, “¡por los siete días al año que llueve en Girona!” Algunos clientes le preguntan por qué no lo delega en un trabajador, pero reivindica que es uno de los momentos que más le gustan de su trabajo.
Aficionado desde muy joven al ciclismo –recuerda bien ir a las Fiestas del Pedal de pequeño y aún conserva la copa que ganó al mejor chiste–, celebra la efervescencia ciclista que ha experimentado la ciudad. “Me encanta, porque da vida y es un regalo para la ciudad. Es un cambio chulo. No sé si somos conscientes”. Diez años después, Girona se ha llenado de bicicletas. Él continúa pedaleando casi igual que el primer día. Sin hacer ruido. Sin pretender convencer a nadie. Solo intentando ser coherente.
- ¿La primera vez en bici? En una carrera en Tortellà de muy pequeño. Me caí y me hice sangre en la rodilla. Me regalaron una cuchara.
- ¿Cuándo empezaste a asociar la bicicleta y la diversión? De joven, con mi tío, siempre veíamos una etapa del Tour al día siguiente de que acabara.
- ¿Cómo vives el fenómeno ciclista de Girona? Es un regalo para la ciudad. Ha sido un cambio chulo que viniera esta gente.
- ¿Por qué repartir el pan en bici? Por puro egoísmo. Ir en bici es más divertido que ir en coche.