Mundial Catar 2022
Misc 23/11/2022

El entrenador que empezó limpiando fábricas a las tres de la madrugada

El verdugo de Argentina, Hervé Renard, ha llegado a la cumbre después de unos inicios complicados

4 min
Hervè Renard

Barcelona"De vez en cuando recuerdo aquellos días en los que me tenía que despertar a las tres de la madrugada para ir a limpiar fábricas", explica el entrenador que le ha roto el corazón a la Argentina de Messi, Hervé Renard (Aix-les-Bains, Francia, 1958). Ex futbolista de nivel en una época en la que ser profesional no te convertía en millonario, Renard se encontró trabajando de electricista y limpiando moquetas pocos años después de colgar las botas. Algunos clientes lo reconocían de sus años como futbolista en la Segunda División francesa. Y él, en la televisión, veía cómo la selección francesa descubría a aquel jovencito con el que él había llegado a compartir entrenamientos en el Canes, un chico llamado Zinedine Zidane.

"Yo era uno de los defensas del equipo. Y llegó Zidane, que debía de tener 15 años. ¡Era tan superior! Hacía lo que quería conmigo. Entrenar con él me sirvió para tener claro que yo no servía para el fútbol de primer nivel", añade un hombre que acabó jugando unos años en la Tercera División francesa antes de dejarlo. Había jugado un solo partido en Primera. Uno solo. Y había acabado en campos regionales. La puerta del fútbol parecía cerrada, pero ahora, tres décadas más tarde, está en un Mundial como entrenador de los saudíes. Y ha cortado las alas de los argentinos. Su vida parece un cuento.

Mientras recogía la porquería de las fábricas y limpiaba alfombras, entre otros trabajos que hizo, seguía jugando en el modesto Sporting Club de Draguignan, un club de Sexta. Una vez se retiró hizo un curso de entrenador y pasó al banquillo de este equipo, donde pocos se podían imaginar que aquel entrenador rubio acabaría haciendo historia. Con el Draguignan consiguió dos ascensos, hasta la Cuarta División, cuando por casualidad, en un encuentro de entrenadores, le presentaron a Claude Le Roy. Este francés de ojos vivos era una leyenda por entonces. Era un europeo más que se había enamorado de África desde que había ido a entrenar a la selección camerunesa, a la que hizo campeona de África.

Le Roy había entrenado a Milla y N'Kono, y explicaba que África era un continente con un potencial futbolístico increíble, aliñando las anécdotas vividas con recuerdos sobre vudú, brujos y cánticos. Cuando Le Roy le propuso si quería ser su ayudante, Renard lo aceptó, a pesar de que el destino no era África: era China, para dirigir el Shanghai Cosco. Era 2002. La aventura no duró mucho, pero le abrió nuevas fronteras a Renard, que después entrenaría a un equipo de Vietnam y acabaría en el Cambridge inglés. Y, de nuevo, Le Roy le llamó: lo habían escogido como seleccionador de Ghana y lo quería en su cuerpo técnico. Por fin llegaba a África.

Dos veces rey de África

Renard se dio a conocer cuando fue elegido como seleccionador de Zambia, una selección con la que llegó a unos cuartos de final de la Copa de África. Después de una aventura corta en Angola y Argelia, volvería a Zambia para tocar el cielo cuando consiguió que esta selección fuera campeona de África por primera vez, en 2012. Fue una sorpresa que nadie se esperaba. Convertido ya en un técnico reconocido, volvió a Francia para dirigir el Sochaux, pero no fue bien. Renard volvió a África, tierra sin la que ya no podía vivir, y se convirtió en el primer entrenador dos veces campeón de la Copa de África con dos selecciones diferentes, ahora con Costa de Marfil.

Después le llegaría el turno de debutar por fin en un Mundial con otro equipo africano, Marruecos. La pasión por este continente lo llevó a conocer a otro francés que había hecho de África su casa, Bruno Metsu, el hombre que había llevado a Senegal al Mundial de 2002. De hecho, la senegalesa Viviane Dueye, la viuda de Metsu –fallecido por enfermedad en 2013–, es ahora la pareja de Renard. "En África me siento libre, quiero vivir aquí siempre", diría el francés. Pero el dinero entró en acción. En 2019, la federación de fútbol de Arabia Saudí le hizo una oferta para ser su seleccionador. Él dudó, pero después de asegurarse de que tendría todo el poder, sin directivos que se entrometieran en sus decisiones, se dejó seducir por los petrodólares.

En el reino saudí, Renard ha puesto en práctica todo lo que ha ido aprendiendo en su largo periplo, como por ejemplo esconder las cartas, puesto que en una era en la que parece que todo pueda encontrarse en internet ha organizado tres amistosos con la prohibición de la entrada de cámaras. Además, impresiona a los jugadores al trabajar más que ellos... también en el ámbito físico. "Yo fui un trabajador modesto, soy duro. Así que ahora trabajo mucho en el gimnasio", suele decir. Es decir, predica con el ejemplo, participando en todos los entrenamientos. Puesto que no fue futbolista de élite, vive "al máximo como entrenador".

Vecinos mal relacionados

"Solo nos han pedido que dejemos una buena imagen del fútbol saudí", dijo hace unos días, cuando aterrizó en Catar en una imagen que no hace tanto habría sido impensable. En la última década Arabia Saudí ha liderado dos bloqueos económicos en Catar para intentar ahogar su economía. Arabia Saudí, el país más grande de la región, con la histórica casa real de los Saud defendiendo los lugares más sagrados del islam, no ha digerido bien que Catar, este pequeño emirato donde habitan familiares árabes con raíces en Arabia, se haya convertido en una potencia. Por esta razón, no mantienen relaciones diplomáticas y se pelean por todo, también por el fútbol, con incidentes en los partidos entre las dos selecciones y un litigio judicial en el que Catar acusa al gobierno saudí de robar las imágenes de los partidos de la Champions del canal catarí BeIN.

Los dos países, casi hermanos culturalmente pero rivales cuando toca hablar de política, han construido una rivalidad en la que solo un Mundial de fútbol ha permitido que más de 400.000 saudíes se desplacen hasta Catar, para ver el campeonato en directo, siendo el segundo estado donde se han vendido más entradas solo por detrás de Catar. Todos con la esperanza de que el mago blanco, como Renard fue bautizado en Zambia, consiga que por segunda vez en su historia la selección de Arabia Saudí supere la primera fase. Lo hicieron en 1994. Ahora ya sueñan con repetir aquel hito.

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