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El Foment

La habanera y el rumor de un viaje de ida y vuelta

Las voces que aún navegan entre dos orillas

El rumor de las habaneras llega a Girona, donde resuena junto al Onyar bajo la silueta de la Catedral y Sant Feliu
Joan Baixeras
15/07/2026 - 20:00 h.
5 min

La noche cae lentamente sobre el horizonte. El mar respira con aquella calma que solo conocen los pueblos avezados a vivir ante la inmensidad marítima. A la orilla del agua, las conversaciones se apaciguan mientras una guitarra comienza a desgranar los primeros acordes, llenos de recuerdos y de añoranza. Alguien entona una melodía conocida. Las voces se unen casi sin darse cuenta. Durante unos instantes, el tiempo parece ralentizarse bajo el peso de cada verso. El rumor del mar acompaña el recuerdo de personas que cruzaron el Atlántico persiguiendo una vida mejor. Es también la nostalgia de quienes dejaron atrás su tierra y de quienes, después de muchos años, volvieron a casa trayendo consigo otra luz y otra manera de entender el mundo. De aquella relación intensa entre Cataluña y Cuba acabaría emergiendo uno de los imaginarios culturales más perdurables de nuestra tradición: el de las habaneras.Cuando el horizonte conducía a América

Durante los siglos XVIII y XIX, Cuba se convirtió en uno de los principales destinos de la emigración catalana. Muchos jóvenes embarcaban hacia el Caribe con la esperanza de prosperar en una tierra que, desde la distancia, parecía ofrecer oportunidades infinitas. Algunos hicieron fortuna; otros simplemente buscaban hacer realidad sus anhelos. Entre plantaciones de azúcar, almacenes comerciales y puertos, se fue tejiendo una relación intensa entre las dos orillas del Atlántico.La presencia catalana en la isla fue tan significativa que los vínculos comerciales, familiares y culturales acabaron configurando una auténtica red atlántica. Cuba se convirtió en un espacio familiar dentro del imaginario catalán, casi en una prolongación exótica de la misma tierra. Pero aquella relación también quedaría marcada por las contradicciones del sistema colonial, por las guerras de independencia y por las tensiones de un mundo que comenzaba a transformarse.Aquella aventura transatlántica, tan presente en el imaginario catalán, no puede separarse del contexto colonial en el que tuvo lugar. Buena parte de la prosperidad que algunos indianos consiguieron en Cuba estaba vinculada a una economía sustentada por las estructuras del imperio y por las plantaciones que alimentaban el comercio atlántico. Las habaneras no explican esta realidad de manera explícita, pero también forman parte de este mismo universo histórico. Detrás de la nostalgia que desprenden estas melodías también resuenan las contradicciones de un pasado que hoy invita a una mirada más compleja.Durante décadas, los barcos unieron las dos orillas con un flujo constante de personas y esperanzas. A cubierta, muchos contemplaban cómo la costa catalana se desvanecía lentamente en el horizonte sin saber si algún día la volverían a ver. Algunos no regresaron nunca. Otros lo hicieron años después, llevando dentro de sí la huella de dos tierras.Cuando en 1898 el imperio español perdió sus últimas colonias americanas, muchos catalanes emprendieron el camino de retorno. Volvían soldados, comerciantes, marineros e indianos. Con ellos viajaban recuerdos, objetos, palabras y experiencias que continuarían alimentando los vínculos entre Cataluña y Cuba.

Entre el Mediterráneo y el Caribe, las habaneras siguen navegando en la memoria de un viaje de ida y vuelta.

La melodía nostálgica de alta mar

Durante buena parte del siglo XX se consolidó un relato que atribuía la llegada de las habaneras a Cataluña al retorno de los marineros y de los indianos procedentes de Cuba. Esta imagen evocadora, profundamente arraigada a la cultura marinera, todavía hoy forma parte de la memoria colectiva.Sin embargo, la investigación histórica y musicológica reciente ha aportado una mirada más compleja sobre esta historia. El libro Las primeras habaneras en Cataluña. Imperialismo y sensualidad antes de Carmen (Rafael Dalmau Editor, 2023), de Anna Costal, Joaquim Rabaseda y Joan Gay, documenta que las habaneras ya estaban presentes en Cataluña a mediados del siglo XIX como un baile de moda, conocido a menudo con el nombre de americana.Antes de que la memoria popular las asociara principalmente a los marineros, a los indianos y al imaginario de la Costa Brava, también habían formado parte de la vida cultural de teatros, salones, zarzuelas y otros espacios de ocio. Más que desmentir el relato tradicional, esta investigación lo expande y lo sitúa en un contexto histórico más amplio, mostrando que la historia de las habaneras en Cataluña es más antigua y diversa de lo que durante mucho tiempo se había creído. Los autores desarrollan esta reinterpretación de los orígenes en una entrevista publicada por la periodista Mariona Ferrer en el diario ARA.Con el paso del tiempo, las habaneras se difundieron por caminos bien diversos. Plazas, carpas y otros espacios de sociabilidad contribuyeron, cada uno a su manera, a transformarlas hasta convertirlas en una expresión profundamente arraigada a la cultura popular catalana.Como pasa con todas las tradiciones vivas, las melodías fueron transformándose. Las letras cambiaban, los versos se adaptaban y las canciones pasaban de boca en boca. Con el tiempo, aquel repertorio inicialmente cantado en castellano se fue catalanizando.Quizás el secreto de su permanencia reside en las historias que custodian. Las habaneras hablan de puertos lejanos y de lugares amados. De amores que esperan en el muelle, de ausencias dolorosas y de retornos soñados. De la guerra, de la distancia y de la añoranza. Melodías impregnadas de una nostalgia serena que parece habitar un verano eterno.El renacimiento de un legado

A partir de las primeras décadas del siglo XX, las habaneras iniciaron una nueva etapa. Algunos músicos y estudiosos, conscientes del valor de aquel patrimonio musical y popular, contribuyeron a dar una nueva proyección pública a aquel repertorio. Paralelamente, comenzaron a crearse nuevas habaneras por escrito, inspiradas en aquel legado pero adaptadas a los nuevos tiempos.Entre estas composiciones destaca especialmente La Gavina, escrita por Frederic Sirés en el año 1924. Nacida inicialmente en castellano bajo el título La Gaviota, la pieza conservaba la cadencia pausada y la nostalgia característica de las habaneras tradicionales. Sin pretenderlo, aquella canción acabaría convirtiéndose en un modelo para muchas de las habaneras que vendrían después.También forma parte de este legado una de las melodías más estimadas del repertorio: La Bella Lola. Vinculada al universo de los marineros y de los soldados que vivieron los últimos años de la presencia española en Cuba, la canción nos transporta a un mundo de travesías largas, puertos lejanos y amores esperados.Gracias a este proceso de reinterpretación y difusión, junto con la creación de nuevas composiciones, las habaneras adquirieron una nueva proyección pública. Empezaron a sonar con más fuerza en escenarios y plazas, preparando el camino para el gran renacimiento que viviría el género durante la segunda mitad del siglo XX.

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