¿Qué haremos de su colección, cuando el abuelo no esté?

El Museo de Ciencias Naturales de Granollers ha ido creciendo sin dejar de ser didáctico.

"En la década de los años sesenta, cuando yo era un niño, vivía en una casa situada en la parte baja de Mataró, muy cerca del mar. Me gustaba mucho ir a la playa después de los temporales. Había de todo: troncos, pequeños trozos de vidrio redondeados y de colores... y conchas y pequeños caracoles. Yo me dedicaba a recoger las conchas y los caracoles", explica Alfons Palau. "Cuando pasaba unos días en Galicia aprovechaba para ir a las playas y recogía arena llevada por las olas, que contenía muchos caracoles pequeños. Como se necesitaba tiempo para encontrarlos, opté por llevarme aquella arena del Atlántico a casa, al Mediterráneo, y así irla observando con tranquilidad y distinguiendo caracoles y conchas. Podía pasar meses observando una bolsa de arena. Lo hacía con una lupa binocular, y el resultado era muy efectivo". La colección está compuesta por unos 93.000 elementos. Son caracoles y conchas de agua salada, de agua dulce (de ríos, lagos y charcas), caracoles de tierra y caracoles y conchas fósiles. "Cuando tuvimos la covid-19, aproveché el confinamiento para revisar e inventariar toda la colección", recuerda.Alfonso decidió donar la colección a un museo, ya que nadie de la familia tenía intención de continuarla. No quería que se perdiera. "Busqué museos de ciencias naturales cerca y encontré el de Granollers. Vinieron a ver la colección y me confirmaron que se la quedaban. Hace poco se la han llevado". Se encuentra ahora en el Museo de Ciencias Naturales de Granollers, bien documentada: de cada pieza hay escrito su nombre, la familia a la cual pertenece, el lugar donde se encontró y la fecha.

"Cada vez somos más selectivos a la hora de aceptar colecciones, no solo porque muchas no están suficientemente documentadas, sino también por la falta de recursos y de espacio", explica Belén Fernández-Villacañas, bióloga y museóloga. Es la responsable de documentación y gestión de las colecciones de este museo.""El museo fue impulsado en los años ochenta por el granollero Antoni Jonch, que anteriormente había sido director del Zoo de Barcelona. Durante su mandato en el Zoo, las jaulas con barrotes y cemento en el suelo fueron sustituidas por espacios similares al ecosistema natural donde viven los animales. Además, se creó la Gran Fauna Africana, un espacio con elefantes, jirafas, rinocerontes… y el delfinario. Jonch también fue clave en la creación de la estación biológica de Ikunde en Guinea, donde se encontró el Copito de Nieve, que fue durante años una de las grandes atracciones del Zoo de Barcelona", explica Belén Fernández-Villacañas. Estamos en un almacén lleno de compactos. Es donde están las reservas de las colecciones. Belén cuida que estén a una temperatura y humedad adecuadas y que se cambien las pastillas anti-polillas de las cajas de los artrópodos. Sin estas pastillas las polillas se lo comerían todo. "Fíjate: casi todas las mariposas y los escarabajos europeos son pequeños, y los tropicales, grandes", dice Belén.

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A continuación entramos en una sala atestada de frascos, donde hay serpientes, anfibios e invertebrados marinos que se conservan con alcohol de 96 grados. Antes con formol, pero es cancerígeno y se ha dejado de usar.Recorriendo los diferentes espacios del museo, pasamos al lado de dos capitosaurios. Son réplicas a tamaño real, hechas de resina sintética, de estos anfibios que vivieron durante el Triásico en el llano de la Calma, en el Montseny.La investigación en ciencias naturales y la manera de explicarlas ha cambiado mucho en las últimas décadas. También han cambiado muchas cosas de este museo. "He movido cinco veces de sitio toda la biblioteca y el centro de documentación", dice Belén. Inicialmente, el museo se encontraba todo dentro de una torre modernista, construida en 1912. Era la casa de los propietarios de la fábrica textil situada donde ahora está el nuevo edificio del museo. La fábrica se había dedicado a hacer telas de paracaídas para el ejército. A inicios del museo, en el antiguo jardín había jaulas con jabalíes, zorros, genetas... Las jaulas desaparecieron, claro. Eran otros tiempos.Terminamos la visita. "Cuando todo el inmueble acogía el museo (despachos, laboratorio, exposición permanente, temporal y sala de conferencias) las colecciones no cabían", comenta Belén cuando entramos en una sala donde hay una espléndida colección de fósiles. Esta colección está presentada tal como la tenía su artífice, Joan Maria Viader, en su casa.Me fijo en un póster de dibujos muy bien hechos de mamíferos: oso pardo, tapir, rinoceronte y pangolín. Es de la era de antes de internet, y quizá de los inicios de la televisión, cuando casi no había imágenes de animales de otros territorios.Hay un animalito local al cual Belén, responsable del Centro de Documentación del Montseny, presta especial atención. Es el tritón del Montseny. Aunque fue observado inicialmente por casualidad en el macizo del Montseny en el año 1979, durante décadas fue catalogado erróneamente como una población aislada del tritón pirenaico. El tritón del Montseny tiene los pulmones atrofiados, no respira oxígeno del aire con los pulmones, sino el oxígeno del agua a través de la piel y de la boca. Se encuentra en peligro crítico de extinción. El área de ciencias naturales que se independizó del Museo de GranollersEl área científica del Museo de Granollers emprendió el vuelo. Este es el origen del Museo de Ciencias Naturales de Granollers, que tiene por ámbitos temáticos la paleontología, la geología, la botánica, la meteorología y, especialmente, la zoología. Es un centro muy didáctico, que organiza numerosos talleres.