La insoportable iniquidad de José María Aznar

La FAES, el think tank más importante de la derecha española y presidido por José María Aznar, ha hecho un comunicado coincidiendo con el vigésimo aniversario de los atentados del 11-M en el que defiende la gestión que hizo el gobierno en ese momento y niega que se quisiera mentir en la población. Afirma la FAES que al gobierno de entonces no "le constaban las evidencias de que se le reprocha ocultar", y concluye que "nunca se han demostrado los reproches calumniosos dirigidos contra ese gobierno". Resulta insoportable que, 20 años después, José María Aznar se niegue a reconocer la verdad ya pedir perdón a la población. Si su actuación en aquellos días de marzo pasará a la historia como una ignominia democrática, este comunicado redactado 20 años después es una prueba de su inequidad y soberbia.

Todo el comunicado de arriba abajo es una colección de falsedades y manipulaciones. Argumenta, por ejemplo, que Iñaki Gabilondo dijo en antena que había sido ETA. Pero a ver: ¿desde cuándo lo que diga un periodista en antena en los primeros momentos se puede comparar con lo que diga un presidente del gobierno que tiene al alcance todos los recursos policiales y de inteligencia de un país ? La insistencia en que no había ninguna prueba de que descartara a ETA es otro ejemplo claro de manipulación. Lo que cabe preguntarse es qué pruebas tenía el gobierno español para atribuir el atentado a ETA de forma efectiva. Y la realidad es que no tenía ninguna. Y, sin prueba alguna, Aznar se dedicó durante toda la jornada del 11-M a llamar a directores de medios de comunicación para asegurar que era ETA.

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Se puede llegar a entender que en una primera comparecencia, la de Ángel Acebes esa misma mañana, se pueda cometer un error en la atribución. Lo que no tiene sentido son las llamadas de Aznar y, sobre todo, que cuando la misma noche del 11-M aparecen las primeras pruebas que apuntan a la pista islamista, se mantenga la hipótesis etarra en el mismo nivel que la otra. Es aquí, a partir de la noche del 11-M y los días posteriores, cuando se ve que existe una clara intención de los portavoces gubernamentales de engañar a la población, hasta el punto de que el propio candidato popular a las elecciones, Mariano Rajoy, lo repite en una entrevista que se publica en la jornada de reflexión en El Mundo: "Tengo la convicción moral de que ha sido ETA", era el titular.

Repasando las intervenciones de esos días llama la atención que Aznar nunca pronuncie la palabra ETA, como si quisiera evitar que la hemeroteca se le girara en contra más adelante. Y por si hubiera duda, tres años después, y cuando ya se había celebrado el juicio, Aznar compareció en el Congreso para sembrar dudas sobre la sentencia: "Los que idearon el 11-M no están ni en desiertos remotos ni en montañas lejanas", dijo, insistiendo en que la autoría intelectual de los atentados debía ser española. Tan grave como haber mentido en aquellos días es haber mantenido estas dudas de la teoría de la conspiración.

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¿Y qué podemos decir del trato que el PP y los medios afines dispensaron a la presidenta de víctimas del 11-M, Pilar Manjón?

En una democracia normal, Aznar sería un político desacreditado y expulsado de la vida pública. Pero en España, no.