El primer paso de un camino lleno de obstáculos

Se atribuye al filósofo chino Lao-Tse una frase que describe a la perfección la situación en la que nos encontramos después de la aprobación de los indultos a los nueve presos políticos por parte del gobierno español: "Incluso un viaje de mil millas empieza con un primer paso". Es decir, cualquier camino que se quiera emprender, del más corto al más largo, del más fácil al más difícil, empieza del mismo modo: con el pequeño gesto de poner un pie ante el otro hasta completar un primer paso. Y esto es lo que hizo este martes el gobierno español: dar un primer paso e iniciar un camino que está lleno de obstáculos y curvas, pero un paso que era imprescindible para iniciar este viaje incierto con un mínimo de posibilidades de éxito.

Los indultos, por lo tanto, se tienen que valorar en un doble plano. En el individual de los afectados supone un alivio del sufrimiento al cual han sido sometidos ellos y sus familias por un encarcelamiento injusto y desproporcionado. Desde este punto de vista más humano es imposible no alegrarse del hecho de que estas personas se puedan reencontrar con sus seres queridos y recuperar su vida cotidiana, la que se vio brutalmente alterada por las decisiones judiciales de octubre y noviembre de 2017. Y, además, lo harán sin haber renunciado en un gramo a sus convicciones ni a su compromiso con la causa de la libertad de Catalunya. Desde este punto de vista, es un éxito del movimiento.

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Desde el punto de vista político, sin embargo, los indultos son el pistoletazo de salida de un proceso que necesitará tiempo y mucha habilidad y todavía más determinación por parte del gobierno español para ir desactivando las minas que la represión judicial ha ido poniendo en su camino. El mismo real decreto sobre el caso de Raül Romeva lo admite cuando dice que "el indulto, por sí solo, no resolverá el conflicto político en Catalunya, solo pretende facilitar un clima habitable para ir avanzando en soluciones". En efecto, el clima político no se normalizará mientras haya gente pendiente de procesos judiciales, aquí o en el exilio, o de ser embargados por el Tribunal de Cuentas. Todo el mundo puede entender que el diálogo político no dará frutos inmediatos dada la enorme distancia que separa ahora mismo las dos posturas, pero tiene que haber un mínimo consenso que permita neutralizar los poderes del Estado que están no solo en contra del independentismo catalán, sino también de una visión abierta y progresista del Estado.

Por la escenificación de los indultos que ha querido hacer Pedro Sánchez se podría pensar que el gobierno español los ve más como un punto de llegada que uno de salida. Si es así no podría estar más equivocado. El mismo dictamen del Consejo de Estado ya le pone más deberes, como la reforma del delito de sedición o la anulación de las euroórdenes. La primera petición tiene que ser el siguiente paso a dar en este camino, puesto que la denuncia del uso abusivo del delito de sedición es compartida a nivel internacional, pero también se tiene que reformar el Tribunal de Cuentas y evitar que actúe contra el patrimonio de las personas de manera indiscriminada. Solo dando estos pasos, se abrirá un camino transitable.