Coches eléctricos

Volvo entra en números rojos

La marca sueca registró unas pérdidas de 284 millones de euros en 2025

Volvo EX90
23/03/2026
3 min

Volvo Cars es uno de los mayores fabricantes aspiracionales de Europa, y quizá el único capaz de hacer frente, de forma consistente y organizada, al triunvirato alemán formado por Audi, BMW y Mercedes, que lleva años dominando con mano de hierro el Viejo Continente.

Sin embargo, el año 2025 no será recordado como un buen año para la marca sueca, ya que registró unas pérdidas de 260 millones de euros que cortan la buena progresión de la marca en los últimos años. Los malos resultados de Volvo se explican por un importante descenso de ventas de vehículos nuevos en un escenario internacional muy adverso para la marca, filial del grupo chino Geely desde el año 2010 y que ha sufrido, de forma central, las dificultades derivadas del nuevo marco arancelario europeo.

Vamos a palmos, sin embargo. Volvo ha sido siempre una marca aspiracional que fabricaba vehículos robustos, tecnológicos y por encima de todo seguros. Sin embargo, en los últimos años ha empezado a fabricar productos totalmente eléctricos como el EX30, el EX90 o el flamante EX60 sin dar continuidad a los actuales vehículos de combustión, y esto, en una marca que ha basado su crecimiento en los últimos quince años en todo caminos de combustión como los XC60 o XC90, ha resultado devastador. Sí, es cierto que Volvo todavía produce y comercializa el SUV XC60 (principal valor comercial de la marca en los últimos 5 años) pero éste es un vehículo envejecido y que enfila la recta final de su vida comercial sin ningún sustituto de combustión, y confiando el destino de la marca al nuevo EX60 eléctrico.

El desarrollo de nuevas plataformas de modelos totalmente eléctricos y la escasa demanda de estos vehículos en Europa ha hecho que la marca sueca haya entrado en números rojos en los últimos meses. La amortización de los nuevos modelos supone una carga importante para las cuentas de la marca, reduciendo su músculo financiero de forma crítica. De hecho, los números rojos de Volvo se explican por ello, una realidad que contrasta con los resultados comerciales de la marca desde el 2010, cuando pasó a ser controlada por el grupo chino Geely.

A esta realidad hay que sumarle los aranceles que deben pagar los vehículos de la marca fabricados en China para entrar en el mercado europeo, y los que deben pagar los coches fabricados en China y en Europa (en las plantas de Volvo en Suecia y en Bélgica) para entrar en el mercado de Estados Unidos, una zona donde la marca había sido históricamente potente y había obtenido importantes beneficios. El contexto industrial proteccionista y la espiral comercial internacional ha acabado enterrando una parte del plan de negocio de la marca sueca.

La otra piedra en el zapato de Volvo ha sido su filial de alto rendimiento de vehículos eléctricos Polestar. Debía ser la variante deportiva de cero emisiones de Volvo, pero a la hora de la verdad esta filial nunca ha terminado de funcionar comercialmente en Europa, hasta el punto de que Geely, matriz de Volvo, ha decidido asumir directamente su gestión para aliviar sus cuentas.

Hundimiento en la bolsa

Los malos resultados de la marca arrastraron a la baja la cotización bursátil de la marca, con caídas de hasta el 22% del valor de sus acciones. Este hecho ha afectado de forma directa a los planes de financiación de Volvo, que pasaban por vender una parte de su paquete accionarial.

En definitiva, Volvo, empujado por su matriz china, ha cometido el error de adelantar su estrategia eléctrica antes de que la mayor parte de sus compradores comerciales consideren seriamente su compra, sufriendo así un bajón de la demanda de vehículos.

Con todo, Volvo tiene varios activos que permiten presuponer un enderezamiento comercial de la marca. En primer lugar, acaba de presentar su todocamino eléctrico EX60, que debe convivir con el saliente XC60 de combustión, y ya ha desarrollado plataformas y motores eléctricos que deben poder construir el resto de modelos de la marca en un horizonte de cinco o seis años. Por último, conviene recordar que Volvo tiene un activo intangible muy valioso como es la fama o el reconocimiento en torno a su fiabilidad y seguridad, con el ahorro comercial y reputacional en campañas publicitarias que esto supone.

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