12 de septiembre

Hoy, 12 de septiembre, pasada la Diada, es el momento de continuar existiendo. Continuar existiendo significa continuar siendo. Para ser, que es diferente a solo estar, hace falta mucho trabajo. Y el trabajo principal es el de tener la conciencia de que el trabajo que hace falta es hacer un gran trabajo para que el trabajo no sea trabajo.

Ser catalán significa estar arraigado en un país pequeño y diverso. Tan pequeño y tan diverso que cuenta con un estilo de platos que llamamos mar y montaña, una mezcla totalmente disparatada, que mezcla carne y pescado (porque están cerca). El trabajo es no dar la espalda a este país. Un país que cuenta con el recetario más antiguo de Europa y que es, en estos momentos, una de las zonas vinícolas más cambiantes, emergentes, sorprendentes y excelentes del planeta.

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Si algo somos los catalanes, por encima de todo, es mediterráneos. Nuestra manera de compartir los alimentos (el vino es un alimento) es mediterránea. Hacemos aceite, pan y vino desde hace dos mil años y tenemos una lengua que define todos sus matices desde hace mil años. Nuestra cocina salvará nuestro vino, nuestro vino salvará nuestra cocina, nuestra cocina y nuestro vino salvarán nuestra lengua, nuestra lengua salvará nuestra cocina y nuestro vino. Me saben muy mal todos aquellos cortos de miras que consideran que el vino es “elitista” (la cerveza y el whisky se ve que no) y la verdura de proximidad “demasiado cara” (la pizza se ve que tampoco). El trabajo es dar normalidad, presencia, valor a todo lo que sale de nuestros cultivos, que no está en ningún otro lugar más que aquí, y hacer que forme parte de nuestra vida. El trabajo es pensar que entre los viticultores, campesinos, cocineros, hay gente muy joven y valiente, y también mucha gente vieja y resistente, que están haciendo un servicio esencial y que no recibirán nunca ninguna Cruz de Sant Jordi. Ser catalán no es más que esto. Es todo esto. Porque solo se ama lo que se conoce.