1977, 2007, 2017 y 2027

1977. En TVE en Cataluña hacían todavía Tierra de escudella, digno programa interpretado por los Comediants. Los que ahora tenemos 60 años entonces teníamos sólo 13 y nos gustaba. El catalán avanzaba, pero no era en modo alguno oficial. Por "autonomía" mucha gente entendía, en realidad, descentralización y poco más. Contra Franco se seguía viviendo mejor, y la hegemonía cultural del PSUC era total. Hoy, tanto los que vivían bien con Franco como los que eran felices contra él añoran mórbidamente ese tiempo. Los primeros porque veían que dando algo de pececillo catalanista folclórico, pero nada de poder, podían seguir mandando a la administración; los segundos, porque ya tenían sobradamente con lo que hoy se llama –y no a la fuerza despectivamente– “marxismo cultural” y movían muchísimas toneladas de cerezas (algunas todavía las siguen removiendo a pesar de la edad). 1977 es una referencia tanto para los herederos y albaceas de Alianza Popular (PP) y de Fuerza Nueva (Vox) como para los del PSUC (Comunes y todas las múltiples denominaciones de la cosa). El próximo 12-M harán ver que ese año nada tiene que ver con su manera de ver el mundo, pero no es así.

2007. Esta fecha es ambivalente: marca el momento más salvaje de los años de la especulación inmobiliaria y financiera y al mismo tiempo el del inicio, todavía muy tímido, de su aparatoso declive. En Catalunya mandaba el tripartito comandado por el president Montilla y en Madrid teníamos a Zapatero (figura que desde hace poco se ha empezado a rehabilitar en el seno del PSOE, en parte para eclipsar las salidas de tono de González y Guerra). El gasto público llegó a rozar el delirio y, en consecuencia, la ilusión absurda de las falsas clases medias low cost se consolidó. El mundo se hundía, pero teníamos el cheque bebé y otras golosinas socialdemócratas. He aquí el origen real y concreto, perfectamente cuantificable, de los recortes de 2012 y 2013. De cara al 12-M el mensaje es: con Isla en la Generalitat y Sánchez en la Moncloa volverán los ríos de leche y miel en forma de inversiones millonarias, etc. Esto no ha pasado ni ocurrirá nunca de la vida, pero la tentación de volver a probarlo es irresistible. Lo más que previsible éxito electoral de Salvador Illa no será solo el resultado de la decepción por el Proceso, sino porque las clases medias depauperadas buscan una salida razonable a sus tribulaciones, que no son imaginarias. Se equivocará mucho quien interprete ese giro en clave españolista o, al menos, antiindependentista.

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2017. Con pocos días de diferencia, en el 2017 ocurrieron dos cosas que sólo desde la deshonestidad más descarnada se pueden considerar una sola: el uno y el veintisiete de octubre. El 1-O representa una cosa y el 27-O otra. Uno surgió de la sociedad civil y el segundo de una clase política que en el mejor de los casos actuó de forma torpe, y en el peor irresponsable. El mandato del uno de octubre consistía justamente en no cumplir el veintisiete de octubre. Por tanto, hay que ser cuidadoso a la hora de hablar de legitimidades vulneradas y otras expresiones altisonantes. La gente que sólo se alimenta intelectualmente de tertulias suele pensarse que todo esto va de una bronca entre Junts y ERC. No, todo esto va, entre otras cosas, de expectativas ridículamente maximalistas, de liderazgos amortizadísimos y sin repuesto, de engaños premeditados y sostenidos en el tiempo basados ​​en explotar las ilusiones de buena parte de la ciudadanía, y de otras cosas tan tristes y deslucidas como estas. El 12-M el independentismo se juega algo más que una suma de escaños, sea cual sea. Se juega la credibilidad política en función del perfil de sus líderes. En caso de querer hacer ver que todavía estamos en el 2017, que es la apuesta de algunos, el batacazo puede ser monumental.

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2027. ¿Dónde estaremos, como país, en 2027? Aunque está muy cerca, no tengo ni idea. En cualquier caso, los partidos que ignoren el futuro, es decir, quienes se encaparen a revivir en 1977, 2007 o 2017 no harán un buen negocio a medio plazo. Hay una especie de instinto de las clases medias para detectar quién quiere levantar su camisa, pero falla a menudo: el populismo vive precisamente de eso (y vive muy bien). Por cierto, supongo que habrán fijado que en la sucesión de años terminados en siete no sale ni en 1987 ni en 1997. Forman parte de los casi 24 años de pujolismo. La pregunta que dirijo a los lectores no tiene trampa. Quiero decir que la formulo porque no la tengo clara. ¿Qué pasaría si el 12-M se presentara a CiU liderada por un Jordi Pujol obviamente más joven? Ya sé que esto es un razonamiento contrafactual, pero no puedo dejar de hacerlo.