El abuelo

Hoy en día ser viejo es políticamente incorrecto. Para evitar usar la palabra se han inventado una serie de eufemismos. Por ejemplo, algunos diarios tienen una sección llamada Longevidad. Se anuncian programas de formación para adultos sénior o bien sénior 65+. La palabra viejo o abuelo para una persona desconocida es considerada despectiva. También existe el vocablo edadismo para definir un trato discriminatorio hacia las personas mayores.Antes, los catalanes llamaban cariñosamente a Francesc Macià como El abuelo. Si bien era mayor (tenía setenta y dos años cuando asumió la presidencia de la Generalitat en abril de 1931) el pueblo lo quería como si fuera de la familia, de ahí este apodo. En aquella época, y en una sociedad más tradicional, las prácticas culturales situaban a la persona mayor en el centro. En el caso de Macià había algo más: su figura era venerada por la confianza que depositaba la gente en su manera de ocuparse del país. Era viejo y, sobre todo, era fiable porque tenía experiencia.¿Qué ha pasado con la veneración y el respeto por los abuelos? Podríamos aislar al menos dos factores del mundo actual: por una parte, la no aceptación del paso inexorable del tiempo. Todo ha de ser reversible y rápido. La tecnología, un presente continuo, no prevé un tiempo con consecuencias. Un segundo factor es el menosprecio por la experiencia. La experiencia incluye no solamente el conjunto de vivencias que una persona ha acumulado a lo largo del tiempo sino, sobre todo, aquello que ha aprendido al cabo de los años, el resultado de haber vivido. El mundo contemporáneo rechaza el tiempo de elaboración que la experiencia requiere para poder ser transmitida y entendida.Actualmente existe la idea de que envejecer es una injusticia y un problema que, en el futuro y con la ayuda de la tecnociencia, podremos resolver. Mientras tanto, molesta mucho a todo el mundo. Los mayores no quieren envejecer y hacen todo lo posible por retrasar el momento. Los jóvenes se quejan de que tienen que ocuparse de los mayores, sobre todo ahora durante las vacaciones, cuando las ciudades se vacían y las familias tienen que hacer turnos. Les cuesta aceptar que los mayores son viejos, porque no quieren ver que ellos también lo serán.El filósofo y psicoanalista francés Jacques-Alain Miller dijo una vez que ser viejo es estar habitado por el mismo deseo de siempre sin disponer de los recursos físicos para hacerlo patente. En este sentido, ser viejos significa, al fin y al cabo, acabar topándonos con el límite de la precariedad del cuerpo y a veces también de la mente. La sociedad contemporánea rechaza cualquier límite que haga obstáculo a la omnipotencia: Trump es el paradigma del viejo que pretende no serlo.Ser viejo significa legitimar la memoria de lo que hemos aprendido en la vida. El deber de la sociedad en su conjunto es potenciar esta vida, la experiencia que supone enseñar a los más jóvenes lo que los viejos han aprendido de todo aquello que han vivido. Así, las generaciones futuras sabrán quiénes son, de dónde vienen. Adquirirán un sentido de pertenencia y legitimidad.Entonces recordaremos a Macià, y los otros abuelos y las lecciones de su vida.