Pensemos en el condenado a treinta años de prisión que mira por la ventana y ve, más allá, a través de la reja, el prado verde donde piensa que podrá ir, ya libre, un día. Es la esperanza que lo mantiene. Pero pensar que algo que se desea pasará, aunque alivie el sufrimiento de la espera, no es suficiente: es necesario que la espera sea activa, que las acciones acerquen la esperanza a la realidad.Son los actores los que pueden cambiar la trama. Para la geoestrategia del mundo, son los ciudadanos de los Estados Unidos, Israel y Europa, que votan, los que pueden influir más activamente en el momento histórico que vivimos; no los de China o Rusia, a quienes sus estados no otorgan esta posibilidad. El peso de los BRICS en la política mundial –es decir, del Sur Global– crece, pero todavía no es decisivo.En noviembre se celebrarán las elecciones de mitad de mandato en los EUA, y es posible que las mayorías en las cámaras del Congreso y el Senado pasen de republicanas a demócratas. Más posible en el Congreso, más difícil en el Senado. Hay motivos para que el elector americano se sienta engañado: la guerra innecesaria en Irán, la inflación creciente –después de que Trump criticara la de Biden–, el abuso de poder del presidente –que el Tribunal Supremo ha corregido– al intentar suprimir el derecho a la ciudadanía para los nacidos en los EUA... Y también el fracaso de las políticas de inmigración: ¿en qué las ha mejorado el ICE, policía de fronteras de los EUA, más allá de reducir los derechos de los ciudadanos americanos y de causar sufrimiento y angustia a los inmigrantes, más o menos en situación irregular, pero asentados en el país? ¿Y los aranceles, qué han cambiado? ¿Y en Ucrania, la guerra que Trump decía que podía hacer acabar en un día, dónde estamos ahora? El conflicto creado con la OTAN y con la UE, ¿de qué ha servido? Los estados miembros se están retractando, por activa o por pasiva, de invertir el 5% de su PIB en defensa, como exigía Trump. Más que una política de estado, era un negocio.Ahora Trump habla del peligro comunista. ¿Se inventa de nuevo un problema para después decir que lo ha resuelto, como hizo con Irán? El presidente puede alegar que en Centroamérica y Sudamérica –en Colombia, Perú, Venezuela y Argentina– tiene gobiernos amigos, que son estables. ¿O bien son estables porque son sus amigos? ¿No es esto practicar el intervencionismo que él denigraba antes de ganar las elecciones hace dos años? Se ha echado a la mochila un peso que no tenía. Es cierto que la memoria del elector es corta, ¿pero tanto? Si la ciudadanía tiene un hilo de memoria, Trump y el Partido Republicano pueden perder este noviembre. La distancia entre lo que prometió y lo que ha conseguido es grande.Las elecciones en Israel pueden hacer perder la mayoría a Netanyahu. ¿La razón? La fatiga de la ciudadanía por una guerra que ha ido cambiando de objetivos –eliminar el terrorismo de Hamás en Gaza, proteger el norte de Israel y acabar con Hezbolá en Líbano, estabilizar Siria, derrotar a Irán...–, cuyo fin no está en el horizonte y que hace pensar que se mantiene para aplazar el juicio al primer ministro. Es un argumento difícilmente rebatible para el votante israelí de derecha e izquierda, y altamente destructivo para Netanyahu. ¿A quién deberían votar? ¿Y por qué? Si mantener la guerra los aleja de la colaboración y el entendimiento con los estados de la zona –Arabia Saudí, Kuwait, Omán, Emiratos, etc.–, si los Acuerdos de Abraham están muertos con esta política, ¿por qué no pasan a la fase siguiente del conflicto y extraen beneficio de la guerra que, supuestamente, han ganado? La guerra "eterna", ¿para qué sirve? Cambiar el gobierno puede evitar que se haga más grande el problema que ya tienen, después de la guerra de exterminio en Gaza y el apartheid en Cisjordania, que han cambiado la percepción internacional de Israel: de víctimas han pasado a ser vistos como verdugos. Pero, sobre todo, EE. UU. ya no apoyan monolíticamente a Israel como hasta ahora; sus intereses comienzan a divergir.
Las elecciones a la presidencia de Francia, previstas para abril y mayo de 2027, no tienen candidato alternativo al Frente Nacional, pero con los últimos acontecimientos la sustitución de Jordan Bardella por Marine Le Pen, más extremista y convicta por fraude, debilitará la candidatura. La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon no tiene más que el apoyo de la izquierda, y los partidos de centro están enfrentados entre ellos. Esta situación hace inviable que pueda ganar un candidato capaz de dirigir y liderar el estado. La presidencia se elige por voto directo. El ciudadano sabe que con su voto elige al presidente. Es diferente de votar un Parlamento que elige un primer ministro...Es posible que la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, dé el paso para presentarse. Lagarde, que tiene imagen de buena administradora y ha demostrado que es económicamente capaz, podría concentrar el voto de centro. Además, tiene tiempo para consolidar su candidatura. La ciudadanía francesa tiene claro que no quiere un personaje político como Trump como presidente. Han pasado 80 años de Vichy pero el recuerdo les sirve de antídoto. Y son conscientes de que si votan a la extrema derecha podrían perder la fuerza que les da la UE, como muestra el ejemplo húngaro.En el Reino Unido, el cambio de Keir Starmer por Andy Burnham como primer ministro reforzará el laborismo. Las medidas de descentralización que plantea el segundo están alineadas con la UE. Hay que hacer una cierta transición política para que la ciudadanía acepte que el Brexit fue un error histórico y que hay que actuar para corregirlo. La actitud de Nigel Farage, que lo niega, ayudará, con el tiempo, a hacerlo evidente. Es un político que está en proceso de convertirse en un payaso –y de hecho se tendrá que enfrentar a un actor cómico en una elección parcial– desde la corrupción explícita.Son estos los sueños del prisionero que mira el campo verde desde la ventana de su celda. A Pedro Sánchez, estos sueños, si sabe esperar y poner los elementos a su favor, le pueden ayudar a no perder las elecciones. Ahora el camino es cuesta arriba y hay que pedalear con fuerza, pero, una vez superada la cima, si la política, como puede ser que pase, cambia, la bajada requerirá equilibrio y velocidad. Aspectos en los cuales sobresale. En todo caso, he aquí una estrategia racional, a pesar de que ya sabemos que los sentimientos, a veces, pueden más que las razones.