El acuerdo entre los EE.UU. y el Irán es otra fase de la guerra
Entre los motivos del presidente Donald Trump para ofrecer un memorándum de entendimiento a la Teocracia Totalitaria Chií de Irán (TTXI) estaban: salvar la Copa del Mundo de Fútbol en Estados Unidos (no quería perturbar este gran negocio con el sonido de los misiles), bajar el precio de los carburantes antes de las elecciones de medio mandato de noviembre y encontrar una salida digna al empantanamientodel golfo Pérsico después de no haber conseguido derrocar el régimen como baza electoral.
Por su parte, la TTXI, tras la dura derrota en la guerra y temerosa de una nueva rebelión popular consecuencia de la catastrófica gestión del país por parte de una oligarquía mafiosa que ha intensificado las ejecuciones, no tenía otra salida: necesitaba un respiro. Miles de ciudadanos han perdido la vida, sus viviendas o sus puestos de trabajo; Ali Jamenei y buena parte de las autoridades políticas y militares del país han sido asesinadas; su estimado programa nuclear ha quedado sepultado bajo toneladas de bombas y escombros, y sus puertos –desde donde se hacen buena parte de las exportaciones e importaciones– fueron bloqueados, lo que impidió la llegada de alimentos y medicamentos.
“Poner fin de manera inmediata y permanente a las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano” es el primer punto del memorándum de entendimiento. Que la TTXI insistiera en incluirlo a pesar de ser consciente de que Israel no cesará los ataques al país de los cedros hasta desarmar a Hezbolá no ha sido un gesto de solidaridad –al fin y al cabo, no incluye a Gaza–, sino de necesidad: Hezbolá, que no es un "proxy" sino la rama libanesa de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica, es su gran ventaja contra Israel en la próxima ronda de guerra que se acerca. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, no podría estar más satisfecho: ya lo usa para sabotear el pacto.
Mientras que los EE. UU. han logrado que la TTXI abriera, aunque fuera temporalmente, el estrecho de Ormuz, ninguno de los deseos de los islamistas se cumplirán. El punto 4 del acuerdo, por ejemplo, promete “la retirada de las fuerzas de los EE. UU. de las proximidades de Irán”. ¿Enviar sus 50.000 soldados a casa y entregar ni más ni menos que el golfo Pérsico a China? O bien el punto 7, que asegura que los EE. UU. pondrían fin a “toda clase de sanciones impuestas” contra Irán. Para hacer esto, sería necesario que el Congreso estadounidense, que se encuentra bajo la influencia del poderoso lobby sionista AIPAC, aprobara la medida. Y, en realidad, Trump solo ha permitido que Irán venda petróleo a los EE. UU. durante 60 días. Al mismo tiempo, el punto 11 prevé que, si todo va bien, “los EE. UU. liberarán los fondos y activos de Irán congelados o restringidos”, valorados en miles de millones de dólares. Pero Trump lo matizó pocos días más tarde: no darán ni un solo dólar a Irán, sino a las compañías agrícolas norteamericanas, para que estas envíen maíz y trigo al país, hecho que dificultará aún más la situación de los cultivos iraníes. A pesar de todo, aunque los EE. UU. enviaran el dinero, sería como poner una tirita en un cuerpo calcinado en un incendio: las estimaciones de los daños infligidos a Irán en la guerra rondan entre los 300.000 millones y el billón de dólares.
Por otro lado, la administración Trump ha afirmado que Irán se ha comprometido a destruir su uranio enriquecido, a suspender su programa nuclear y a permitir a los inspectores de EE. UU. visitar sus emplazamientos nucleares. La TTXI lo ha desmentido todo.
“No queda más remedio que construir una bomba atómica” es el titular publicado en el diario Fars, cercano a la Guardia Revolucionaria Islámica. Mientras tanto, el jefe de la comisión de seguridad nacional del Parlamento iraní, Ebrahim Azizi, ha anunciado una recompensa de 50 millones de dólares por matar a Donald Trump por el asesinato de Khamenei. Y 63 de los 88 miembros de la Asamblea de Expertos, máximo órgano de la teocracia, han calificado el acuerdo con EE. UU. de ilegal y han dado órdenes de eliminar a Trump y Netanyahu.
Por su parte, el Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo, en un comunicado conjunto con EE. UU., lamenta que el acuerdo no aborde el programa de misiles de Irán ni sus injerencias en los países de la zona mediante grupos armados mercenarios.
El objetivo vital de la TTXI, hoy dirigida por una junta militar, es construir un imperio chiíta por encima de los intereses nacionales. Así pues, utiliza la guerra para exportar la insuperable crisis interna económica, política, social, de legitimidad y de derechos humanos que sufre el país: el índice de crecimiento de la inflación de los alimentos es del 130%.
Para Trump, que tiene como principal preocupación la cuestión energética, la situación ideal es la israelización de la guerra: hacer que Netanyahu acabe el “trabajo sucio” contra Irán (derrocar el régimen) en nombre de Occidente –una calificación que usó el canciller alemán Friedrich Merz–. Así, el memorándum de entendimiento favorece a Trump en las elecciones de medio mandato mientras perjudica a Netanyahu de cara a las parlamentarias del próximo octubre. Y ya conocemos el modus operandi del genocida de los palestinos.