Trump durante la rueda de prensa del domingo a la madrugada después del intento de atentado en la cena de corresponsales de la Casa Blanca.
27/04/2026
Periodista
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“No estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor me manche las manos con sus crímenes”, escribió el hombre detenido el sábado por la noche cuando presuntamente iba a atacar a Donald Trump en una cena con la prensa. 24 horas más tarde, la periodista Norah O'Donnell le lee estas palabras al presidente de los Estados Unidos en una entrevista en el mítico 60 Minutes de la CBS.

El presidente no pierde los nervios (“Sabía que lo leeríais”) y pone en marcha el recurso habitual: “Sois gente horrible”. Y afirma: “No soy un violador. No he violado a nadie. No soy un pedófilo”. A temerario, no le gana nadie. Trump quiere demostrar que no tiene miedo de ponerse en la boca estas palabras denigrantes que, en cualquier otro momento de la historia del país, habrían acabado con cualquier presidencia. Ahora sabemos que Trump ha hecho del descaro su virtud y que este vuelco de valores morales ha cambiado el debate político, las relaciones internacionales y la cobertura informativa.

Pero entonces la periodista, con la misma frialdad, lanza una frase para la historia: “¡Ah! ¿Cree que se refería a usted?” Trump acaba de recibir un gancho en la mandíbula, pero tiene la cara de cemento y replica: “Sois una vergüenza”.

No hay soluciones buenas para debatir o para entrevistar a una persona así, pero este “¡Ah! ¿Cree que se refería a usted?” permite afirmar, al menos, que Trump vive cada día sabiendo que millones de norteamericanos y millones de personas de todo el mundo tienen de él el peor concepto personal posible. Y que las palabras violador y pedófilo le persiguen por más que las niegue y haga ver que no pierde nunca.

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