El último de 'El Último'
18/05/2026
Escritora
2 min

Manolo García hizo una propuesta a los miles de personas que llenábamos el Estadi Olímpic Lluís Companys: queremos ofreceros alegría y que vosotros nos deis alegría. Y el ofrecimiento fue aceptado con entusiasmo, claro. Porque todos queremos alegría, y aquella noche de reencuentro estábamos seguros de conseguirla. También teníamos ganas de devolverla a los músicos que, con sus canciones, se disponían a transportarnos a los mejores años de nuestra vida. Dicho y hecho.

Manolo García y Quimi Portet –El Último de la Fila– y los músicos que los acompañan en esta gira inesperada se han propuesto –creo– vivir estas noches de concierto como un regalo. Los que hemos querido (y podido) participar también lo vivimos de una manera similar: con el propósito de la alegría. La alegría de recordar cuando El Último de la Fila era la banda sonora inexcusable de nuestras fiestas; cuando todos, ellos y nosotros, éramos muy jóvenes. Y si hay algo evocador es la música, que nos puede trasladar a un lugar, una época y un estado de ánimo con mucha facilidad. Han pasado cuarenta y un años del primer concierto de El Último, recordaba Quimi Portet con una gran sonrisa.

El Último de la Fila no es el único que ha querido reencontrarse muchos años después de dejar los escenarios. Lo han hecho las estrellas más rutilantes del universo musical internacional. Grandes ídolos, músicos que respetamos desde la lejanía con gesto reverencial. Pero Quimi y Manolo son justo lo contrario: músicos que sabemos que tenemos cerca, que son como nosotros, que se han hecho mayores como nosotros. No por casualidad dedicaron el concierto a los pequeños ganaderos, agricultores y pescadores catalanes. 

Su manera de vivir el éxito monumental de El Último de la Fila, como si les hubiera cogido por sorpresa, nos hace pensar que esto nos podía haber pasado a cualquiera de nosotros. Ellos cantaban y tocaban la guitarra, nosotros bailábamos y hacíamos los coros. Son de los nuestros.

Al fin y al cabo, en el concierto de Montjuïc sí que hubo un poco de nostalgia, también. Las mujeres y los hombres maduros cantábamos y bailábamos, e incluso saltábamos un poco (había momentos que era tan bonito mirar al público como lo que pasaba en el escenario). Pero, mientras tanto, dentro del pecho se nos ablandaba algo, al pensar en los tiempos que no volverán o en las personas que ya no están.

Lo decía Quimi Portet en una entrevista con Xavier Grasset: estas canciones fueron importantes para nosotros, pero sabemos que también fueron importantes para mucha gente. ¡Qué importante, efectivamente, la banda sonora que te ha ido acompañando a lo largo de la vida! ¡Cómo te ayuda a reconstruir ya no los hechos y las situaciones, sino la manera de vivirlo!

El otro día, pues, en el concierto de El Último, además del intercambio de alegría hubo nostalgia. Muchos nos pusimos nostálgicos, no hay que esconderlo, y osaría decir que probablemente ellos también. Pero era una nostalgia insurrecta, lejos de las leyes de los hombres, sin habernos acostumbrado del todo a ser adultos, sabiendo que solo tenemos amor y que el amor es nuestra única ambición. Una nostalgia de la buena. Gracias.

stats