Antonio Carmona tiene el cargo más difícil del mundo

Su nombre te suena, te es familiar. Antonio Carmona. Lo has oído tantas veces... Tiene una voz que calma, que tranquiliza los ánimos. Fue portavoz de Renfe, después le ascendieron a director y lo volvieron a descender a portavoz. La razón me lo imagino: no hay otra persona capaz de ser la cabeza (de turco) de la gestión de los trenes. Y por encima de ellos pusieron un incapaz de Madrid. No sé qué cobra Antonio Carmona, pero está claro que deberían pagarle con hilo de cobre y catenaria a peso. Es la persona más valiosa de la seguridad vial. Si traspasan Cercanías, que traspasen a Antonio Carmona.

Algunos leerán este artículo como un artículo irónico, pero se equivocarán. Antonio Carmona siempre está ahí. Y tú, que estás en el tren atrapado, haciéndote pipí y muriéndote de hambre, oliendo axila ajena, sin saber cuándo llegarás, lo sientes por la radio diciendo que la puntualidad de los trenes es del 90 por ciento, y te lo crees. Te dices: "No, no estoy llegando tres días después, porque conmigo está el espíritu de Antonio Carmona, y él me está diciendo que no es exactamente así". Antonio Carmona nunca se esconde, siempre se pone, ya veces justifica retrasos que no son exactamente de su negociado. A mí Antonio Carmona me tranquiliza y me quita la rabia vial. Alguna vez he deseado –pero hay que vigilar con los deseos, porque a veces se hacen realidad– que el tren nunca llegue para oír a Antonio Carmona. ¿Le preguntarán en casa cómo ha ido el día? Seguro que sí, y seguro que contesta, con mucha paz, que ha ido maravilloso. Cuando cojo un tren –por ejemplo, hoy– me encomiendo a la virgen del Empenta, en primer lugar, ya Antonio Carmona, después. Me parece que debe hacerse inmediatamente una estación que se llame Estación Antonio Carmona.