Desde que los periódicos incorporaron los comentarios de los lectores al pie de los artículos se hizo realidad más que nunca lo que decía Arthur Miller que "un buen diario es una nación hablándose a sí misma". Pero paralelo a la gran conversación nacional e internacional, corre el diálogo personal de cada periodista y cada lector. Es un diálogo secreto pero del que podemos intuir los términos, porque las personas estamos hechas de materiales similares y las voces interiores resuenan con pensamientos similares.
Por eso, en medio de libros que explican los entramados del mundo urgente, hoy les digo "Buenos días" hablándoles con dos pequeños volúmenes de aquellos que hacen provecho, porque hablan de usted y de mí, sin que seamos usted o yo. Ambos, escritos por autores con una vida brillante, con un tropiezo importante que se resuelve con un canto a la autoestima.
Ramon Ribera-Mariné ha escrito Enfermar con Dios como bastón (Publicaciones de la Abadía de Montserrat), un sencillo y por eso espectacular tratado de sabiduría para afrontar la vejez dure los años que dure y llegue en las condiciones de salud que llegue. Con una advertencia inicial que lo ilumina todo: "Asociar desgracia, enfermedad, o muerte prematura a una remota falta escondida es un error porque la vida sirve para mejorarse, no para castigarse".
Y el doctor Oriol Mitjà acaba de escribir Donde nace la luz (Columna) con un subtítulo tan explícito como sobrecogedor: "Relato de mi depresión. De la fragilidad a la resiliencia". La honestidad y la ternura con la que está escrita la llegada "del velo áspero que apagaba los colores" dejan sin palabras. Aquí estamos ante descubrimientos de juventud y primera madurez: "La felicidad no depende de las comodidades. Tiene más que ver con la conexión y con la experiencia vividas". Somos frágiles y fuertes a la vez. Pero sobre todo, no debemos abandonarnos ni en la soledad ni en la tristeza.