Aprender el catalán

Que nadie delInstituto Catalán Internacional por la Paz viera ninguna pega a poner la frase "¡Que aprendan catalán!" como una muestra de racismo o exclusión es un error que cuesta digerir. Seguramente es un indicio más, y no menor, de hasta qué punto hemos perdido ese gran consenso político y social que habíamos tenido desde el final de la dictadura franquista en torno a hacer del catalán la lengua de todos, y hacerlo como el mínimo común múltiplo de la convivencia en un país que no tiene el poder político de expedir carnets de ident.

Con los años, la derrota del Proceso, el profundo cambio demográfico y la dimisión silente, cansada, golpeada en la autoestima de masa catalanohablantes en el uso social de la lengua porque que no quieren problemas, hemos pasado de la ilusión por compartir al catalán a un dejarlo estar, a un miedo a ser tildado de pico, histórica de mundo a la inversa absolutamente inadmisible, de fascista, como ha pasado en público recientemente. Solo falta que una opción catalana de extrema derecha haga un considerable agujero electoral y que esto sea aprovechado por quienes van persiguiendo el catalán por las escuelas para que toda la lengua quede manchada y aumente el acomplejamiento de los hablantes.

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Siempre que escribo sobre la lengua miento mi experiencia diaria, porque el debate del papel impreso no puede sustituir la prueba de la calle, y esta también está hecha de miles de recién llegados que no sólo no tienen ningún problema con el catalán, sino que lo utilizan, en las tiendas, en los restaurantes, en los taxis. Enseñar el catalán es incluir, no excluir. Tengamos más confianza en nosotros mismos.