El expresidente del Gobierno José María Aznar durante la presentación de la portavoz del PP en el Congreso, Ester Muñoz, en el Fórum Europa de Madrid.
05/07/2026
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La “mayoría nacional” por la que se manifestó hace unos días José María Aznar tiene un antecedente bastante exacto durante el periodo de la República en la CEDA, la Confederación Española de Derechas Autónomas, que fue liderada por José María Gil-Robles —un personaje que ahora etiquetaríamos sin equivocarnos como ultraderecha— y que tuvo gran parte de responsabilidad en la construcción de un clima asfixiante, de polarización extrema y fractura social, en la España de los años treinta. ¿Les suena, esto? La CEDA era un conglomerado de partidos de derechas, con una fuerza mayor que marcaba el paso (Acción Popular, con implantación en toda España) y después una multitud de fuerzas pequeñas que eran de alcance regional, centradas en el dominio de la rurallia (la mayoría llevaban la palabra agrario en su nombre: Acción Agraria y Ciudadana de Cuenca, Acción Agraria Riojana, Acción Agraria de León, etc). Después se fueron añadiendo, sobre todo para obtener beneficios electorales, una amalgama o revoltijo de fuerzas reaccionarias con otras de perfil más liberal o de centroderecha. Gil-Robles y su oscura pandilla aceptaban formalmente la democracia, pero en el fondo lo que querían era tumbarla o convertirla en un régimen hecho a medida de sus intereses y basado en el caciquismo de toda la vida. Se mostraban convencidos de que el estado era suyo (mejor dicho: que el estado eran ellos), sentían una profunda alergia por cualquier forma de diversidad —muy especialmente por la diversidad lingüística y cultural— y tenían un lema que era todo un inventario de sus prioridades: "Religión, familia, patria, orden, trabajo y propiedad". Cuando el Frente Popular de las izquierdas ganó las elecciones de febrero de 1936, la CEDA presionó activamente al gobierno saliente para que declarase el estado de guerra e impidiese que la izquierda accediese al poder. Sostenían que un gobierno de izquierdas abriría la puerta a la lucha de clases y al separatismo catalán y vasco, y que todo eso era “la anti-España”. El competidor electoral e ideológico más directo que acabó teniendo la CEDA, y donde acabó gran parte de su electorado, fue en el partido fascista Falange Española y de las JONS.¿Os recuerda algo, todo esto? LA CEDA se entendía bien con un partido de extrema derecha como Acción Española (liderada por José Calvo Sotelo, que fue ministro de Hacienda con el dictador Primo de Rivera y tío de quien fue presidente del gobierno de España, Leopoldo Calvo Sotelo) porque compartían el ultranacionalismo y el nacionalcatolicismo (“¡Por Dios y por España!”) y porque consideraban a sus adversarios políticos enemigos de España que la llevaban a la perdición y a la ruina. Exactamente esta es la doctrina que sustenta la mayoría nacional de Aznar, en la que, como gran novedad, pueden tener cabida elementos procedentes de “la izquierda” (quieren decir el PSOE), a condición de que sean como Emiliano García-Page. El mensaje de Aznar (y de Ayuso y su perro Miguel Ángel Rodríguez) es que Feijóo no va por el buen camino, o no tiene el liderazgo necesario, para levantar esa mayoría nacional. Como se suele decir, veremos qué pasa.

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