El biogás no es circular

Recientemente se han publicado diversas intervenciones e informaciones que presentan el biogás como una fuente de energía renovable y circular. Son mensajes que ocultan la complejidad de esta tecnología. Para empezar, las factorías de biogás proyectadas son refinerías que producen un combustible que no es renovable y que hay que procesar. Además, el balance energético del conjunto del proceso para la producción de biogás, de la cuna a la tumba, es negativo: se consume más energía de la que finalmente se produce.Solo el funcionamiento interno de las mismas plantas de biogás puede absorber cerca de un 30% de la energía obtenida. A esto hay que añadirle aproximadamente un 16% más destinado al transporte de los purines, estiércoles y restos animales que alimentan las plantas, así como del digestato resultante hacia las fincas que lo admitan. Ahora bien, el coste energético mayor –y a menudo ignorado– es el asociado a la generación de los purines y estiércol. Estos materiales no son en absoluto gratuitos, requieren un gran gasto energético en piensos, climatización y funcionamiento de las granjas. La carne obtenida solo recupera aproximadamente un 50%-60% de la energía contenida en el pienso, y la energía invertida en producir los purines puede equivaler a un 80% de la energía que la planta de biogás acaba generando.¿Y qué contienen estos piensos? Fundamentalmente, soja y cereales. La soja proviene mayoritariamente de América, transportada en barcos que consumen grandes cantidades de gasóleo. Tanto la soja como los cereales se producen con maquinaria agrícola –de nuevo, gasóleo– y, para hacerlos crecer, se necesitan abonos y plaguicidas químicos. La producción de estos fertilizantes depende de combustibles fósiles y de minerales provenientes de minas del Sáhara, Canadá y otros puntos lejanos, recursos todos ellos finitos y no renovables. La expansión de aquellos cultivos comporta, además, otros problemas, como la deforestación en los países donde se producen, contribuyendo de manera directa al cambio climático.A todo esto, hay que sumarle los inputs industriales que necesitan estas plantas. El proyecto previsto en la Sentiu de Sió (Noguera), el más grande actualmente en Cataluña, requeriría anualmente miles de toneladas de ácido nítrico, carbonato potásico, cloruro férrico o metanol, además de decenas de miles de toneladas de agua. Los residuos asociados también son considerables: metales férreos, plásticos y filtros contaminados, entre otros.

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La magnitud de este flujo de materiales y energía contradice la idea de circularidad. Un proceso que empieza en minas o plantaciones de todo el mundo y que acaba en una planta industrial en Lleida o Barcelona no es circular: es lineal. Sería más circular retornar a América la parte de los purines generados, pero eso es, evidentemente, absurdo. La conclusión es simple: si hablamos de circularidad, la mejor opción es no importar millones de toneladas de cereales y soja para mantener un modelo ganadero sobredimensionado. La circularidad existe cuando los estiércoles y purines se aplican directamente a los campos adyacentes que producen la soja o los cereales que alimentarán al ganado.También es falaz el argumento de que estas plantas “transforman residuos en recursos útiles”. Los estiércoles y los purines no son residuos: no son un material inservible que haya que tratar para darle valor, sino la base histórica de la fertilización de los campos. El proceso de metanización simplemente extrae una parte de la materia orgánica de los estiércoles y purines, es decir, una parte de su valor fertilizante. Las plantas de biogás tampoco generan “nuevos nutrientes orgánicos”; al contrario, algunos proyectos pretenden convertir parte del nitrógeno de los purines en fertilizantes químicos añadiendo aún más nitrógeno, cosa que, evidentemente, no resuelve la cuestión de los nitratos sino que la agrava. El debate exige balance y contexto: si bien en algunos puntos del país hay exceso de deyecciones, no todos los problemas de contaminación de acuíferos son resultado de estos excesos, y lo que se ha de hacer, en todo caso, es evitar los excesos. Pero en Ponent los datos dicen que estos excesos son tan limitados que no darían ni para alimentar la planta de la Sentiu, y aún menos todos los proyectos de plantas de biogás que se están planteando. El problema real es la ganadería sin tierra, desligada de la agricultura; una desconexión que las factorías de biogás no resuelven. Además, cuando estas pretenden mezclar estiércoles y purines con residuos de los mataderos y lodos de depuradoras, con todos los contaminantes que estos contienen, se agravarán los problemas de contaminación de los suelos donde se apliquen los digestatos que producen.Aparte de los argumentos expuestos, no podemos dejar de pensar estas políticas energéticas en el contexto reciente de brotes de peste porcina y dermatosis nodular. El movimiento diario de centenares de camiones cargados de purines, residuos de matadero y cadáveres por las comarcas de Ponent no es un riesgo menor.En resumen, la imagen de una economía del biogás circular, renovable y transformadora es, en gran parte, un espejismo. Detrás hay un modelo industrial altamente dependiente de energía fósil, de importaciones masivas y de un uso intensivo de recursos químicos. Y sobre todo, un modelo que consolida una ganadería intensiva que ya hoy es insostenible ambientalmente y territorialmente. Si queremos abordar la crisis energética y climática, habrá que hacerlo con rigor y sin simplificaciones que pueden acabar generando más problemas de los que pretenden resolver.Son coautores de este artículo Víctor Altés, doctor ingeniero agrónomo, experto en suelos y sostenibilidad agrícola, UdL; Gerard Batalla, agricultor y licenciado en sociología, miembro de Assemblea Pagesa; Jaume Sastre-Juan, doctor en historia de la ciencia y la tecnología, experto en ciencia, tecnología y sociedad, UAB; Jaume Valentines, doctor en historia de la ciencia y la tecnología, experto en ciencia, tecnología y sociedad, UAB; y la Plataforma Pobles Vius (https://poblesvius.cat/).