30/11/2021

El blindaje del catalán, una cuestión de país

2 min
Nadia Calviño durante la rueda de prensa del consejo de ministros.

BarcelonaEl catalán está en una situación francamente difícil. Así lo demuestran los principales indicadores y es fácilmente detectable si se tiene una mínima sensibilidad. Hay muchos factores que influyen en esta debilitación constante de la lengua, pero uno no menor es la poca presencia del catalán en las grandes plataformas de contenidos en streaming como por ejemplo Netflix o HBO. Por eso era tan importante asegurar una presencia mínima de la lengua catalana en estas plataformas a través de la ley audiovisual, y por eso el acuerdo de ERC con el gobierno español para fijar un mínimo del 6% para las lenguas cooficiales era perfectamente razonable y también daba un poco de oxígeno al sector audiovisual catalán.

Pero este martes el gobierno español aguó la propuesta afirmando que las cuotas no eran aplicables a las plataformas que no tienen su sede en España, es decir, las principales que todos conocemos y que tienen la mayoría del pastel del mercado. Esta aclaración se hizo una semana después de la aprobación de los presupuestos, y por eso todo ello parecía una maniobra sucia donde no quedaba tampoco claro qué papel había jugado ERC, puesto que los republicanos tardaron mucho en reaccionar después de que en la nota que distribuyeron con el acuerdo de presupuestos se mencionara explícitamente Netflix.

El caso es que ERC ha acabado haciendo lo único que podía hacer, y es volver a condicionar su voto a los presupuestos en el Senado y también su voto al proyecto de ley al hecho que se cumpla el requisito de que las cuotas se apliquen a las plataformas que emiten en España y no solo a las que tienen aquí su sede. Parece, además, que hay precedentes europeos que permitirían obligar a estas compañías a cumplir cuotas lingüísticas y otros tipos de obligaciones. No puede ser que, una vez más, las grandes compañías encuentren la manera de saltarse el deber de respetar la pluralidad lingüística y cultural, no ya la española, sino incluso la europea.

El PSOE y la vicepresidenta, Nadia Calviño, nunca han visto bien la idea de poner condiciones a las grandes plataformas porque pretenden que se acaben instalando en territorio español. Este es un objetivo muy loable, pero en ningún caso tiene que ir en contra de la diversidad lingüística. La experiencia enseña que sólo por la vía de los incentivos es muy difícil que acaben invirtiendo en producciones en catalán, gallego o vasco. Hace falta que haya una mínima obligación, y el 6% no parece tampoco un hito irrealizable. Es una demanda de mínimos.

La ley la ha negociado ERC pero la defensa del catalán tiene que ser una posición de país, sea en el audiovisual o en la escuela. Los republicanos tendrían que intentar construir un consenso con el resto de fuerzas catalanistas, incluso con el PSC, para hacer piña en el Congreso y encontrar la manera de blindar tanto la inmersión como las cuotas en el audiovisual. El presidente, Pere Aragonès, ha expresado su intención de poner en marcha un Pacto Nacional por la Lengua que recoja este gran consenso de país. La primera piedra de este pacto tendría que ser, sin embargo, revertir la situación creada con la ley audiovisual.