“Borrar el pensar que siempre nos toca perder”

Pensábamos que nunca más volveríamos a ver lleno el pantano de Sau y resulta que, entre las lluvias de estos meses y la nieve que bajará en primavera, tendrán que desembolsarlo. Justo hace un año estaba en el 12% de su capacidad y ahora pasa del 86%. El de Susqueda roza el 90%.

Ahora es, pues, el momento de continuar con las desaladoras y el ahorro de agua, porque el tiempo es ondulante como las personas (Montaigne) o la vida (Plan), pero tiene tendencia al aumento de temperaturas que harán que de repente, cualquier día, le volvamos a ver los huesos en la iglesia de Sant Rom.

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Ondulante como los ciclos históricos. Estos días ha cumplido 50 años que Lluís Llach llenó el viejo Palacio de Deportes de la calle Lleida tres noches seguidas, que han pasado a la historia agrupadas genéricamente como el concierto de enero del 76. Según la prensa de la época, constituyeron un ensayo general con toda la sociedad democrática. No hacía ni dos meses que el dictador estaba muerto. Llach, que llevaba meses prohibiendo cantar en Catalunya, mientras en París la prensa se rendía al Viaje a Ítaca que había interpretado en el Théâtre de la Ville, logró la primera ovación de la noche con aquel verso de la canción Despertar, donde dice: "Tengo que borrar el pensar que siempre nos toca perder". Hay una desolación de comprobar que estamos discutiendo de financiación bajo el fuego enemigo de los viejos insultos, en el rumbo nada épico que lleva de día a día. El verso de Llach vuelve a ser adecuado, aunque un realismo desengañado de hoy haya sustituido el entusiasmo con el que la gente de hace 50 años se dio los primeros besos con la libertad.