23/05/2021

Cambio de rasante

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Cambio de rasante

Un presidente de la Generalitat al que el líder de su partido le pasa el testigo estando interno en la prisión de Estremera y medio gobierno de coalición formado con conversaciones desde la prisión de Lledoners. Esta es la situación anómala que vive la política catalana y que, a pesar de los tiempos convulsos, abre hoy una nueva etapa.

Finalmente, la constitución del gobierno de ERC y Junts se hará a pesar de las tensiones que hay entre los dos principales partidos independentistas y ejecutando una renovación de liderazgos forzada por la situación. Un relevo obligado fundamentalmente por la aceleración de octubre de 2017 y la intervención de la Generalitat con el 155, la prisión y el exilio, que culminaron en un gobierno sin liderazgo. Un ejecutivo que se convirtió en un campo de batalla y dos espacios políticos con soldados que han negociado hasta hoy condicionados por las muchas cuentas pendientes. Soldados heridos y generales represaliados capaces de almorzar juntos en la prisión pero hablando del sexo de los ángeles o literalmente -en plena rotura de las negociaciones entre ERC y Junts- de la personalidad extravagante de Ramon Franco, el aventurero y contradictorio hermano del dictador.

La negociación del acuerdo de investidura ha sido movida y en los dos partidos hoy hay personalidades vigilantes con el pacto, que se expresarán con más o menos intensidad dependiendo de cómo evolucione el liderazgo interno, los éxitos del Govern y la respuesta del Estado a una mesa de negociación donde no será fácil ni siquiera establecer la orden del día.

¿En qué consisten los éxitos que pueda tener hoy un gobierno autonómico liderato por una coalición independentista?

De entrada el primer éxito colectivo sería reducir las palabras engañosas y hablar con claridad, con una cruda verdad sinónima de respeto a los ciudadanos. Dirigirse sin eufemismos a una opinión pública cansada, pero donde hay una mayoría soberanista que no ha desaparecido ni se ha reducido, a pesar de las dificultades y las múltiples razones para desentenderse de la política.

GESTIONAR LA AUTONOMÍA

El éxito del Govern dependerá de la capacidad de gestión para sacar al país de la crisis sanitaria y sus durísimas consecuencias económicas, que los ciudadanos viven cada día. Catalunya necesita un gobierno que gestione con objetivos de excelencia y no deje pasar ni una sola oportunidad de defender los intereses de los ciudadanos allá donde haga falta, pero no será fácil porque de entrada la CUP solo ha garantizado dos años de mayoría parlamentaria. Una CUP a quien no le puede haber hecho gracia el nombre del conseller de Economia con quien tendrá que negociar los presupuestos.

Los nuevos tiempos llegan con un joven presidente templado, con vocación de ocupar el despacho en el Palau de la Generalitat, y con un nuevo líder en la oposición que ha protagonizado un cambio de tono. Está todo por hacer y el país necesita ser gobernado en el día a día sin olvidar los problemas de fondo. Si se quiere avanzar en el diálogo, el gobierno español se tendrá que arriesgar a aprobar los indultos, aunque la justicia amenace con desautorizarlo. Es la condición necesaria para abrir un diálogo productivo y en ningún caso no es un punto de llegada sino de salida.

El govern Aragonès no lo tendrá fácil. Las desconfianzas entre socios no desaparecen en un día de negociación con Sànchez, ni Junts ha culminado su proceso para pasar de ser un movimiento alrededor de Puigdemont a ser un partido cohesionado con un corpus ideológico claro. Será significativo ver quién se convierte en el vicepresidente de Junts después de que Elsa Artadi haya preferido reservarse en el Ayuntamiento de Barcelona, Josep Rius haya quedado fuera del Govern y Laura Borràs espere la anunciada sacudida judicial desde el Parlament.

DE MOVIMIENTO A PARTIDO

Jordi Sànchez explica este domingo en el ARA que hacía falta “un gesto de autoridad” para cerrar el acuerdo con ERC, y es él quien está pilotando la participación de Junts en una coalición donde es muy significativa la ausencia de los líderes que pilotaron el nacimiento de Junts desde Bruselas. La corriente de fondo es fuerte y se abre una nueva etapa dentro del independentismo. ERC llega a la Generalitat disciplinada y con un liderazgo joven pero sólido. Sus socios, Junts, están en plena transformación y el paso junto a los jóvenes puigdemontistas puede implicar el regreso de algunos de los clásicos de Convergència de la mano de Sànchez, hoy con un liderazgo fuerte y la credibilidad de la prisión. Sànchez lleva la política en las venas y hoy tiene una amplia capacidad de movimiento en un partido en formación. Los primeros gestos de la formación de gobierno lo convierten en la clave de vuelta de la reconstrucción del espacio exconvergent.

Unos y otros tienen dos años para ensayar el siguiente paso del soberanismo, una vez la mesa de negociación muestre las limitaciones del nacionalismo español y el independentismo sea capaz de evaluar sus fuerzas.

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