¿Cataluña seguirá el camino de Sajonia?
Los resultados electorales en Sajonia-Anhalt han caído como un jarro de agua fría en el conjunto de Alemania y de Europa. La oleada continental de ultraderecha, que en un momento pareció que se frenaba, ha regresado de golpe al corazón de la desmemoria nazi. Y ha recibido el aplauso de Trump-Musk-Putin. La AfD es pro-Kremlin y quiere que se detenga el apoyo a Ucrania. Los peores fantasmas de la xenofobia antidemocrática planean sobre el Viejo Continente.
La historia nunca se repite, pero a veces se parece sospechosamente. El paralelismo entre lo que está pasando en Alemania y lo que pasaba allí hace un siglo, durante la República de Weimar, cuando se incubó el huevo de la serpiente, no solo es lícito, sino necesario. Sí, claro, los tiempos han cambiado, el papel de Rusia es otro (ya no es la amenaza bolchevique, es la amenaza imperial autoritaria), la inmigración global antes no existía, la crisis económica no tiene el mismo calado que la del Crac de 1929, etc. Aun así, hay equivalencias que sería ingenuo ignorar.
Cataluña no es inmune al aire siniestro de los tiempos actuales. También aquí campa alegremente, de la mano de las dos ultraderechas (Aliança Catalana y Vox), un descarnado discurso antihumanista, de darwinismo social, de purismo identitario, de individualismo feroz y de cuestionamiento del estado de derecho. El populismo xenófobo va ganando terreno y está noqueando al benemérito catalanismo inclusivo, tanto pujolista como maragallista, a pesar de las diferencias entre ambos líderes. El sentimiento de derrota nacional y de derrota de clase (de clase media), ambos basados en hechos constatables, está siendo aprovechado a la perfección por la derecha extrema iliberal, que pone en juego la cohesión social (la convivencia entre diferentes) y la misma democracia pluralista.
La Diada de este año ha venido marcada por este auge ultra. ¿Hasta qué punto la involución triunfará? Eso es lo que está en juego en el próximo ciclo electoral. Las encuestas dibujan un panorama preocupante, con una Cataluña que se puede situar a la cabeza de la extrema derecha europea. Si en Sajonia-Anhalt la AfD ha obtenido un 44% de los votos, aquí la suma de Aliança Catalana y Vox en el peor de los escenarios demoscópicos podría alcanzar el mismo nivel. El corte nacional entre ambas formaciones seguramente supondría un bloqueo a la hora de formar gobierno, pero también impediría cualquier mayoría alternativa. Entraríamos en terreno desconocido.
En Sajonia-Anhalt ya saben qué significa la ultraderecha y, aun así, la han votado. En 1932, en el entonces Estado Libre de Anhalt (el land Sajonia-Anhalt es posterior), el NSDAP, el partido de Hitler, obtuvo el 41% de los votos y formó un gobierno con la derecha nacionalista monárquica. Por primera vez un jefe nazi se ponía al frente de un ejecutivo. En pocos meses, antes del verano, los de Hitler ya estaban en los gobiernos de cinco lands y dirigían dos. La derecha tradicional, a la deriva, dudaba entre hacer suyo el discurso nazi o buscar una difícil centralidad. La izquierda radical (entonces comunista) se enfrentaba en la calle a las SA y SS, y la socialdemócrata se contraponía desde los precarios gobiernos de coalición o de mayorías centristas, pero no lograba salir adelante. Todo ello, como hoy.
No sé cómo está de madura la penetración de la AfD en toda Alemania, pero es para ponerse nervioso. Desde aquí, los de Sílvia Orriols y de Abascal han saludado con euforia el éxito de la AfD. Los hermana la desconfianza en Europa y en la democracia, el rechazo a la igualdad de oportunidades y al respeto a las diferencias culturales y religiosas. El programa de la AfD es descarnado. Propone crear patrullas ciudadanas como fuerzas de choque en la calle, quiere superar lo que define como "complejo de culpa" por el pasado nazi (¿culpa?, ¿qué culpa?, solo provocaron 15 millones de muertos). Lo que hace un siglo representaban los judíos, enemigos interiores de la patria (y de la raza), ahora lo representan los inmigrantes, sobre todo los musulmanes (enemigos de la civilización occidental), de los cuales quieren la expulsión forzada y masiva. La AfD aboga por cortar toda la financiación pública a la acogida, que tildan de “negocio del asilo”. Podríamos seguir... Dan miedo.
Esperemos que Cataluña no vaya por el mismo camino que Sajonia-Anhalt.