El cerdo de la Odisea
John Stuart Mill aseguró en El utilitarismo que “es mejor ser un hombre insatisfecho que un cerdo satisfecho”. A su parecer, ningún ser humano mínimamente sensato querría cambiar la complejidad de su vida por la vida lineal de un imbécil feliz. ¿Pero estamos seguros? Plutarco nos responde con una obra dedicada a Grilo, un marinero de Ulises que, después de experimentar la vida humana y la porcina, consideró del todo preferible la segunda.Cuando Ulises llegó a la isla de Eea, visitó a la maga Circe acompañado de la mitad de la tripulación. Circe los invitó a un banquete, pero embrujó la comida y convirtió a los comensales en cerdos... Salvo el reticente Ulises, que intuyó alguna maldad. Al ver a sus marineros metamorfoseados, rogó a Circe que les devolviera la forma humana.—¿Estás seguro —le preguntó la maga— de que querrá rehumanizarse quien sabe qué significa ser animal?El cerdo que había sido el marinero Gril·lus se resistió con firmeza. Había descubierto que era más cómodo vivir de los bienes de la naturaleza generosa que afanarse en los trabajos de los humanos en la áspera Ítaca. Los animales, decía, viven rodeados de lo que necesitan, mientras que el hombre, insaciable, no deja de trabajar. Además, los animales no usan ni trucos ni engaños cuando se pelean. Tampoco necesitan permanecer continuamente ocupados con deseos superfluos. Son más frugales y moderados.—Has de saber, Ulises —continuó Grilo—, que todos nosotros, lejos de considerarnos inferiores a ti, te despreciamos, porque, evidentemente, es falso lo que se dice de tu astucia. Rechazas a ojos cerrados la posibilidad de llegar a ser un ser mejor de lo que eres. Te comportas como un niño, pero mientras te acuestas con Circe tiemblas de miedo, y temes despertarte convertido en cerdo, en lobo o vete a saber en qué. Y a nosotros, que tenemos todas las necesidades satisfechas, nos quieres convencer de que abandonemos lo que tenemos y nos embarquemos contigo recuperando la condición de marineros expuestos a todos los peligros. El hombre es la más fatigosa y desdichada de todas las criaturas.—Me parece, Grilo, que la metamorfosis que has sufrido, además de arruinar tu figura, te ha perturbado la razón, porque la tienes llena de opiniones absurdas y desatinadas.—Más te valdría dejar de insultar y empezar a dialogar, si quieres entender por qué, después de haber experimentado los dos géneros de vida, preferimos el porcino.Fénelon dedica a Grilo uno de sus Dialogues des morts, titulado, precisamente, Ulysse et Grillus. Lo que viene a decirnos es que a Grilo le sobran argumentos para permanecer empedernido: "Encuentro comida por doquier, incluso en los lugares menos deseables. Los abogados y las guerras, y todos los demás problemas de la vida, no significan nada para mí. No necesito cocinero, ni barbero, ni sastre ni arquitecto. Soy libre y puedo satisfacer mis deseos a muy bajo coste. ¿Por qué debería recuperar el montón de las necesidades humanas? La patria de un cerdo es donde hay bellotas. No me hables más de razón, porque si miras la vida de los hombres, no ves más que locura. ¿No es mejor ser estúpido que un necio malvado? Me estimo mucho más ser un cerdo grande y gordo, satisfecho con mi inmundicia, que un hombre débil, vanidoso, frívolo, astuto, engañoso e injusto, que espera ser, después de su muerte, una triste sombra y un fantasma insatisfecho con su condición".También un filósofo notable, Pirrón, encontró tan envidiable la vida porcina que la puso como ejemplo de la vida filosófica exitosa. En el transcurso de una travesía en barco que hacía con sus discípulos se desató una gran tormenta que atemorizó a todo el pasaje, a excepción del mismo Pirrón y de un cerdo, que la vivía con una imperturbabilidad de ánimo muy poco común entre los hombres.—Así, imperturbable, ha de permanecer el sabio ante los peligros —dijo Pirrón.Comentando esta anécdota, se pregunta Montaigne: “¿Tendremos que concluir que esta ventaja de la razón, de la cual nos sentimos tan satisfechos y gracias a la cual nos consideramos amos y emperadores del resto de las criaturas, se nos ha concedido para atormentarnos?”Cerramos esta minima moralia porcina con Fosco Maraini. En el libro Secret Tibet asegura que, como la regla de una comunidad de monjes solo permitía comer carne de animal marino, decidieron rebautizar el cerdo como ballena silvestre y pudieron comer embutidos sin escrúpulos, lo cual hace pensar que, a menudo, los humanos observamos nuestros animales de granja como una despensa viva. De hecho, otro filósofo, Crisipo, sostiene que los dioses pusieron un alma a los cerdos para preservar su carne, como si fuera sal, porque el cerdo, añade, nace para ser sacrificado.